Te extiendo mi abrazo

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Son tiempos difíciles, una vez más, para el mundo. Desde este rincón en Lima, Perú te extiendo mi abrazo, aunque sea digital. Sobre todo en estos tiempos en que no se puede dar uno físicamente.

Menciono esto porque desde hoy empieza un período de quince días de “estado de emergencia” en mi país. Es decir, salvo por razones muy justificables, nadie podrá salir de sus casas.

No obstante, estos días presentan una gran oportunidad para la reflexión. Quiero resaltar algunas de las cosas que he estado pensando:

1.- El mundo es más pequeño de lo que creía. Estamos interconectados y juntos en esto.

2.- En esa línea, el impacto de un pequeño acto de amor es imposible de medir, pero quizás pueda propagarse hasta lugares insospechados. Hay que intentarlo, aunque a veces cueste.

3.- Soy una persona que abraza fuerte. No diré que he dado por asumidos los abrazos porque no es tan así, pero desde ahora creo que su valor es superior.

4.- El tiempo libre presenta la gran posibilidad de repensar cómo queremos vivir nuestra vida. Y también obliga a limpiar una habitación con demasiadas cosas sin razón de ser, como la mía. Incluso con un horario apretado se puede, por supuesto, pero ahora habría que ser excesivamente cínico para decir algo como “no tengo tiempo”.

5.- Saldremos de esta y, en honor a todos aquellos que han sufrido pérdidas, viviremos de forma empática y agradeciendo cada momento. Aunque es posible que nos acostumbremos nuevamente y el nuevo “normal” opaque los milagros cotidianos, habrá que tomar conciencia.

6.- Es una época en la que no conviene estar pegado a una pantalla, sobreinformándose. Basta seguir las recomendaciones de los especialistas en salud, leer un par de noticias al día en un momento muy puntual y luego vivir. La comida sigue teniendo sabor, los libros siguen esperando y la música sigue viva.

Las crisis suelen enseñar, aunque las consecuencias sean lamentables y uno quiera hacer cualquier cosa para que determinado hecho no haya sucedido nunca. Permite “darse cuenta”. Volver a ver algo viejo por primera vez y valorarlo apropiadamente. Está claro que, a veces, ese “algo viejo” es la vida misma. Que esta crisis nos permita ver el valor real de todo aquello que el sopor de lo cotidiano suele opacar.

Te extiendo mi abrazo,

Andrés.

 

 

 

Limpieza digital – día 9 de 30

Vamos en el día 9 del experimento y ya me empiezo a sentir diferente. Las páginas leídas han aumentado y, al eliminar la dispersión, la calidad de mis interacciones con las personas que me rodean se ha elevado considerablemente: he estado plenamente presente con la gente que quiero y he tenido pequeños momentos inolvidables.

Por momentos me he aburrido mucho, lo cual considero fantástico, no solo porque esté aumentando mi tolerancia al aburrimiento, sino porque es algo que valoro por sí mismo. Sin embargo, también valoro sus efectos: me ha permitido tener una idea más clara del disco corto (EP) que quiero lanzar este año.

Estoy recordando que la paciencia es una virtud que vale la pena abrazar: recobrar la habilidad de sostener una concentración larga y sin distracciones podría ser un proceso que tome cierto tiempo, considerando algunos de mis últimos hábitos. Según la demanda de las circunstancias y un falso sentido de urgencia, algunos días pasados he sido capaz de utilizar internet casi a todas horas, entre la PC y el teléfono móvil.

No obstante, ahora me quedan momentos para mí. Esos momentos ahora libres que, hasta hace poco, podían resumirse en saltar nerviosamente de una aplicación a otra en búsqueda de cualquier forma de gratificación instantánea, intento utilizarlos para concentrarme en alguna cosa. Y esto, si bien cuesta, vale el esfuerzo.

Confieso también que siento tranquilidad cuando estoy solo y sin distracciones, quizás porque me di cuenta que esa paz por la que tuve que luchar en algún momento y que trabajé activamente por conseguir está más disponible de lo que me quieren vender muchos productores de contenido y vendedores que lucran a partir de las inseguridades, y que también acaparan medios digitales.

Diría que si uno presta atención, aquella paz está siempre disponible. En mi interpretación, vivir en paz constituye una respuesta personal agradecida, en este momento y este lugar, cualesquiera que sean, a esa oportunidad ofrecida perpetuamente, sin cansancio y sin condiciones, por parte de Dios. Si tuviese que frasearlo secularmente diría que vivir en paz es hacerse dueño de la actitud propia en medio de las circunstancias, además de vivir agradecido.

Solo para aclarar: estoy convencido de que vivir en paz no excluye la indignación que se puede manifestar ante la injusticia o el alzar la voz frente a un atropello descarado. Una persona que vive en paz no se retrata con los brazos cruzados. No obstante, hay quienes utilizan la indignación social para camuflar una profunda insatisfacción personal. Lo verdaderamente refrescante de la paz es que, pese a todos los errores humanos que pudieran cometerse, siempre estará disponible nuevamente, si uno está dispuesto a vivir en armonía consigo  mismo y con los demás.

Queridos lectores jóvenes, he acumulado 0 minutos de Instagram y Facebook en estos 9 días y sigo vivo. Hay oxígeno fuera de las redes. Y no sólo esto: la sensación subjetiva de estar haciendo algo físico en el mundo real puede ser mucho más placentera que la que proporcionan dos dedos gordos y compulsivos apretando una sobrevalorada pantalla de colores.

 

#Libros – febrero 2020

He leído dos libros en el mes de febrero de este año. Además, he empezado a leer “Al Este del Edén”, novela del grandísimo John Steinbeck (pondré el resumen en el mes en que termine de leerlo). Comparto con ustedes los que terminé en febrero por si están en búsqueda de nuevos libros:

  • Discover Joy in Work” de Shundrawn Thomas

Es un libro interesante. El autor, presidente de una compañía global trillonaria, escribe un libro cuyo argumento central se basa en la posibilidad que tienen las personas de descubrir el gozo en el trabajo, cualquiera sea éste.

Existen desigualdades sociales que deben ser abordadas y ambientes perjudiciales en los que las personas son tratadas como cosas y que no son sanos para nadie. Por otro lado,  hay una gran cantidad de trabajos que ofrecen cierta posibilidad de control. Sin embargo, también está esa gente que no es capaz de alcanzar la satisfacción ni en el mejor de los ambientes laborales. Es por ello que el autor escribe desde una perspectiva más personal que social, poniendo la responsabilidad del gozo en las manos del individuo.

Más allá de algunas frases trilladas y unas pocas afirmaciones que algunos estudiosos del trabajo quizás podrían contradecir con mayor evidencia, Thomas ofrece ciertos consejos que valdría la pena tomar en consideración. Es interesante ver como el autor, que es un cristiano protestante, escribe a partir de sus valores más profundos y los traslada al ámbito laboral. Digo esto porque es usual escuchar que las personas deben dejar los valores que provienen de sus creencias en casa, mientras gente como Thomas los establece como una forma de vida que no se puede fragmentar.

El poder de la actitud y una interpretación sana y productiva de las circunstancias son conceptos popularizados por el estoicismo, pero que forman parte importante de cualquier sistema filosófico que promueve el bienestar y la responsabilidad de los seres humanos. Thomas hace hincapié en la posibilidad que existe cuando se toma el control de la propia actitud para dar lo mejor en el trabajo y vivir agradecido. Comparto una de sus frases, que me he permitido traducir:

“En lugar de tratar de encontrar la ocupación perfecta, enfócate en ser perfeccionado en tu trabajo diario. Tienes talento innato, habilidades desarrolladas y potencial sin explotar aún por ser revelarse. Si bien algunas opciones ocupacionales naturalmente te quedan mejor que otras, puedes cobrar vida a través de cualquier vocación que estés siguiendo hoy. Simplemente tienes que entregar tus manos, tu cabeza y tu corazón completamente a tu trabajo”.

 

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  • Steal like an artist” de Austin Kleon

Traducido como “Roba como un artista“, es un libro simpático y contiene esos “nuggets” de sentido común que tanto pueden llegar a gustar. No por eso deja de tener partes interesantes ni tampoco pierde razón cuando dice que los mejores artistas se han influenciado de otros y, a partir de esa influencia, han creado una obra que tiene una impronta propia. Por supuesto, el verbo “robar” es más polémico y, por tanto, contribuye más a las ventas; sin embargo, el verdadero sentido al que se refiere el libro tiene que ver con dejarse influenciar para crear.

El subtítulo del libro podría traducirse como “10 cosas que nadie te dijo acerca de ser creativo” y debo confesar que no me quedó claro si la intención es ironizar o si sencillamente es una estrategia de mercadeo auto-contradictoria, debido a que en algunas de sus páginas el autor confiesa que no hay nada nuevo y, por tanto, bajo ese mismo criterio, no existirían 10 cosas que nadie te haya dicho.

Sin perderme en trivialidades, tengo esta idea de tratar de quedarme con lo mejor de lo que leo, así que compartiré algunas de las cosas que más me interesaron:

  • El consejo N° 2 de los 10 dice “no esperes hasta que sepas quién eres para empezar“. Esto me hace recordar la frase de Herminia Ibarra, citada por David Epstein en su libro “Range”: “aprendemos quienes somos en la práctica, no en la teoría“.

Muchas veces quienes producimos trabajo creativo queremos esperar a que las condiciones estén perfectas y sepamos exactamente quienes somos y qué queremos. Sin embargo, en el fondo sabemos que hoy, con lo que tenemos a la mano, podemos empezar a crear. No tiene que ser una flor de monumento: puedes contribuir con una pequeña estrofa a la canción del Mundo.

  • El consejo N° 9 dice “sé aburrido: es la única forma de hacer el trabajo“. Gracias a esta parte conocí una cita de Gustave Flaubert que me ha encantado: “Sé regular y ordenado en tu vida, de modo que puedas ser violento y original en tu trabajo”.

Me gusta esta parte del libro: el autor desmitifica la falsa y trillada necesidad de vivir a lo “rockstar”, requisito imaginario para vivir una vida genuina y original. Por mi parte, las únicas verdaderas estrellas que conozco, ¡sí que brillan!, pero están fuera de esta galaxia. Siempre será mejor cuidar de uno mismo y tener hábitos productivos, para luego crear “violenta y originalmente” en el sentido flaubertiano.

Otra parte de este mismo punto se refiere a conservar, al menos temporalmente, el trabajo de oficina, el cual muchas veces proporciona la compensación suficiente para tener el privilegio de no preocuparse por la siguiente comida y que, además, significa la posibilidad de servir a otras personas. Además, resalta la libertad creativa que representa el no tener que producir algo “para vender”.

En ese punto concuerdo plenamente con él: no hay nada más refrescante que hacer una canción libre. Eso no está en contradicción con la posterior intención de compartirla con el mundo. Quizás incluso podría tener éxito. Pero no es la búsqueda del “éxito”, ni la codicia, ni la utilización de fórmulas recicladas hasta el hartazgo lo que determinó el nacimiento de esa canción.

  • El consejo N° 10 dice “la creatividad es substracción“. El autor señala correctamente que “nada es más paralizante que la idea de las posibilidades ilimitadas”.

Entonces propone que el bloqueo creativo sea superado a través de la auto-imposición de ciertas restricciones. Pese a sonar paradójico, el autor señala que cuando se trata de trabajo creativo, “las limitaciones significan libertad”. Esto me hace recordar una gran frase de Søren Kierkegaard:

Cuanto más se limita una persona, más inventiva se vuelve

 

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Limpieza Digital – día 2 de 30

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Experimentos de 30 días

Hasta la fecha he hecho varios experimentos que han resultado exitosos. Aquí algunos de ellos:

  1. Escribir un poema diario por 30 días durante octubre de 2019.
  2. En noviembre del 2019, a la par de levantar algo de pesas (algo que hago desde mayo del 2019), me alimenté 21 días seguidos con la dieta keto.
  3. En el mes de febrero del 2020 hice un experimento relacionado a escribir el blog de lunes a viernes, lo cual me ha permitido casi igualar en un solo mes la cantidad de posts que había escrito durante el año y 3 meses de existencia previa que tenía el blog.

Minimalismo digital

Confieso que el experimento que empecé – nuevamente – desde el 1 de marzo, me ha dado problemas en anteriores oportunidades: he intentado, alrededor de 3 veces, completar los 30 días de limpieza digital que propone Cal Newport en Digital Minimalism sin poder llegar siquiera al día 20.

Especulo que el fracaso se debe a varios motivos sobre los que no me quiero explayar. Y si bien las fuerzas de la economía de la atención son muy irresistibles, nunca soltaré mi responsabilidad porque siempre estuvo y está en mí el diseño y la ejecución del experimento. Así que me atribuyo toda la responsabilidad, al subestimar mi enfrentamiento con una industria billonaria que, en resumen, quiere mantenerte enganchado la mayor cantidad de tiempo posible para cobrar la mayor cantidad posible de dinero.

En los intentos previos de este experimento, han habido días en los que casi ni he tocado el teléfono móvil, pero otros en los que, con la auto-justificación de “estar coordinando” temas relacionados a mi música, lo he utilizado alrededor de 6 horas en un mismo día y, algunas veces, más de 33 horas en una semana. No hay ningún argumento bueno entre los que he buscado para favorecer ese exceso.

Hay evidentemente una lucha entre lo que quiere hacer el animal reactivo que se la pasa apretando botones durante 6 horas al día y mi yo más razonable, que sabe que esto es una pérdida ridícula de tiempo. Soy enemigo de la culpa patológica pero creo que una dosis sana de culpa puede ayudar a ver que algo no está del todo bien y servir de combustible para un cambio positivo.

Es hora, entonces, de dar un nuevo enfoque al experimento. No voy a dar énfasis a evitar las tecnologías, es decir, al “no hacer”. En este mes voy a trabajar en ampliar mi capacidad de concentración y priorizar lo que quiero hacer de verdad. Esto puede ser escuchar o crear música, escribir, leer libros, estudiar algo, ver películas buenas, comer con amigos, etc. Dependerá de la semana y el día, pero lo que sé es que quiero poner toda mi atención en aquello que esté haciendo. Y si surgiera una de esas oportunidades en las que no hay “nada que hacer”, la aprovecharé para practicar mi tolerancia al aburrimiento.

Ayer empecé el experimento y casi no utilicé mi teléfono: fue un día familiar absolutamente genial.

 

Expectativas

Tengo claro que, paradójicamente, solo seré capaz de superar mis propias expectativas si las suelto. Hoy, que empiezo la construcción de mi EP, tengo ciertas expectativas. Considerando mis viejas tendencias y siendo totalmente honesto, una de esas expectativas es hacer el disco perfecto. Una obra de arte maestra que sea apreciada de manera justa. Pero, luego recuerdo que hay cosas que sencillamente están fuera de mi control, como la cantidad de oyentes cautivados que llegará a tener o si tendrá “éxito” comercial. Y sobre la perfección, recuerdo que es inalcanzable. Esas son cosas que conviene soltar totalmente para que no perturben el trabajo creativo.

La perfección es un concepto matemático o divino. La bondad es un hermoso concepto humano que nos incluye a todos.

– Richard Rohr (sacerdote ecuménico, franciscano y estadounidense)

Para esta noche, tengo separados un espacio y un tiempo de aproximadamente dos horas para crear música. Por un momento, el ruido de mi corazón se trasladará a las cuerdas y hará vibrar el mundo, aunque sea casi imperceptible. Suelto la presión del perfeccionismo, pero me quedo con el impulso de ser honesto y hacerlo lo mejor posible, que es su lado positivo. Dejarlo todo es, en sí mismo, la recompensa.

El verdadero valor del pan

Este, evidentemente, no es un pequeño artículo sobre precios. Es sobre dejar de dar por asumidas las pequeñas cosas diarias y volver a mirarlo todo con los lentes del agradecimiento puestos.

Quienes tuvimos un pan siempre a la mano tendremos que hacer un verdadero esfuerzo para llegar a valorar algo tan abundante y barato. Pero una ligera sospecha me invita a creer que agradecer de corazón un pedazo de pan es la fórmula para saborearlo, quizás por primera vez, del todo. En este mundo, empecinado en no satisfacer todas nuestras – a veces caprichosas – demandas y atontarnos con una corriente de distracción sin precedentes, la acción de disfrutar un pedazo de pan no solo resultará exótica, sino hasta revolucionaria.

No niego que debamos trabajar contra la perpetuación de estructuras perniciosas que generan ciudadanos de segunda clase, sin oportunidades de nada. La injusticia no puede ocultarse o maquillarse. Sin embargo, y asumiendo el riesgo de ser considerado un hereje de los dogmas sociales de este tiempo de corrección política en el que se demanda a todos pensar lo mismo, debo confesar que he visto gente que es capaz de disfrutarlo todo hasta en las condiciones más mínimas. Evidentemente, estas condiciones no son ni merecidas ni deseables. Pero hay un brillo en los ojos de las personas agradecidas que ninguna estructura social perfecta podrá ser capaz de generar a través de una ley. La gente verdaderamente agradecida suele brillar en casi cualquier circunstancia.

Postergar la satisfacción de lo pequeño de un simple pan para cuando se haya conseguido un resultado futuro deseado puede conducirnos, de manera muy sutil, hacia una cadena de insatisfacción perpetua. Sencillamente no podré disfrutar del pan, si lo mastico pensando en el banquete que me merezco. Lo paradójico es que mucha gente que está en un banquete, es incapaz de disfrutarlo, al estar preocupada pensando en otra cosa. Esto pasa cuando hasta el banquete se da por asumido.

Quien posea la verdadera capacidad de disfrutar un pedazo de pan, así sea lo único que tenga en el momento, tendrá una experiencia más rica y plena que los preocupados del banquete. Puede ser, entonces, que el banquete se lleve por dentro.

Cuando consigas el nuevo auto, la nueva computadora, el nuevo disco, habrá también algo que falte. El fin de la publicidad es, en muchos casos, captar clientes a través de historias sencillas, pero baratas. Primero, te convence de la infelicidad que padeces o de lo que te falta para estar completo. Por alguna razón mágica ellos tienen la solución: el producto que te ofrecen te dará esa felicidad plástica y superficial. Se cumple con la entrega del producto, pero nunca con la entrega de la promesa.

En lugar de perder el tiempo haciendo caso a publicidad absurda sobre recompensas futuras, conviene ser capaz de ver todo lo que hoy se puede agradecer. Citando al filósofo escocés Thomas Carlyle: Oh, tú que anhelas el encarcelamiento de lo Presente, y clamas amargamente a los dioses por un reino en el que gobernar y crear, conoce esto de una verdad: lo que buscas ya está contigo, ‘aquí o en ninguna parte’, ¡si solo pudieras ver!“.

Poder saborear un pan es una gran bendición. Poder compartirlo una mucho más grande.

 

Aburrimiento, viejo amigo

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Existe evidencia irrefutable sobre la adicción que incitan las redes sociales. Si no me creen, pueden revisar el trabajo de tres personajes importantes del mundo de la tecnología, quienes conocen desde dentro las artimañas utilizadas por los imperios lucrativos de esta era de la economía de la atención: Tristan Harris, Cal Newport y Jaron Lanier.

Lo preocupante de este mar de fotos, textos y vídeos es que posiblemente esté ahogando al aburrimiento, viejo amigo nuestro y componente necesario para la creatividad. Porque está bastante claro nuestro condicionamiento pavloviano de moda: supongamos que vemos a una persona que no está haciendo nada en específico. Esta persona, que puede estar sentada en una sala de espera, en la banca de un parque o incluso estar parada en la cola del supermercado, tiene el teléfono en su cartera o bolsillo. Si apostamos que no pasan 2 minutos hasta que esté mirando su pantalla portátil lo más probable hoy es que ganemos la apuesta. Es probable que en algunas ocasiones yo mismo también sea esa persona.

Ahora, si bien es cierto que gran parte del contenido de redes sociales está hecho por gente que ruega constantemente por notoriedad, existe contenido interesante y provechoso. En mi caso, he podido conocer músicos, escritores y artistas que tienen algo interesante que decir. Además, como músico, me ha permitido compartir mi trabajo y el material dedicado a difundir mis conciertos. 

Pero más allá del contenido, lo que me intenta tratar aquí es la forma de utilización. Cualquier persona honesta te dirá que le resulta casi imposible utilizar estas aplicaciones en su teléfono móvil con un propósito claro o por un tiempo determinado. Incluso si el propósito claro es un momento de diversión o distensión, muchos son los casos en los que el uso se extiende hasta límites imprevistos. Gracias a sus millonarias inversiones, estas corporaciones nos saben pulsar los botones precisos para dejarnos enganchados por horas.

La perpetua disponibilidad de la conexión y el contenido siempre fresco y nuevo no deberían ser justificación suficiente para pasar horas enfrascados en un túnel digital, bajo la etiqueta de “utilización libre”. Sé por experiencia propia que una acción “libre” puede no ser tal, sino constituir una justificación barata para la impulsiva búsqueda de gratificación instantánea. Tampoco creo en falsos dilemas donde no los hay: “o usas las redes sociales “libremente” o no las usas en absoluto”. Porque como dije anteriormente, no soy partidario, al menos por ahora, del abandono total de las redes: pienso que si uno es cuidadoso (bastante cuidadoso, en realidad) sí puede extraer cierto valor de ellas sin tener que asumir los pasivos. La cuestión para mí está en la forma.

No pretendo ser rígido; acepto plenamente mi condición imperfecta y supongo que habrá momentos en los que caeré durante más tiempo del que quiero en una de estas redes. Espero, sin embargo, que sean pocos, porque tengo la voluntad de ser disciplinado al utilizarlas. Y esto es porque me he dado cuenta que su necesidad diaria es un invento poco sofisticado y, sobre todo, porque prefiero estar haciendo cosas más provechosas que deslizar mi dedo en un tronco digital.

No faltará quien diga que la disciplina es para gente rígida y la libertad es para gente con alas, personas especiales de nacimiento muy creativas y locas, predestinadas para volar. Todo bien con el cuento, salvo que este es falso. En mi diccionario, quien hace todo el tiempo “lo que quiere” no está en la definición de “libre”, sino de “caprichoso”. 

Ser disciplinado no equivale a volverse un robot, como algunos creen. La disciplina, cuando proviene de la verdadera voluntad, va de la mano con la libertad. Pero si realmente se quiere hablar de robots, un mucho mejor ejemplo serían aquellos seres “libres” que no se separan nunca de sus pantallas. Rompiendo con todos los antecedentes de la cadena evolutiva, estas personas están aniquilando una experiencia humana trascendental y, lamentablemente, subvalorada: la capacidad de experimentar plenamente el aburrimiento. Porque la falta de aburrimiento no es humana.

Mi finalidad de fondo es retomar mi cercana amistad con ese viejo amigo incondicional, que tanto me ha dado y al que tan poco he reconocido. Quizás de uno de esos períodos de aburrimiento salga una canción que me deje feliz, orgulloso en el buen sentido. Luego, es posible que utilice una red social para compartir la canción o información relacionada. Eso sí, la utilizaré con responsabilidad y durante poco tiempo. ¡Todo sea para volver a aburrirme!

#ProyectoEP. La historia se desenvolverá (2.ª parte)

Tal como mencioné el martes pasado, he decidido crear un EP de cinco canciones. Esta semana que pasó pensé un poco en la forma en que quería construirlo. Si bien primero tenía la idea de elaborar una historia para, a partir de ahí, construir las cinco canciones, he decidido que prefiero que la historia de desenvuelva sola. Voy a jugar con sonidos y no voy a limitar lo que vaya saliendo.

A veces es interesante partir la construcción de un grupo de canciones con una idea  general de aquello sobre lo que se quiere escribir. Otras veces contar la historia es necesario. Otras veces las canciones son, cada una, una historia propia y, así, un disco se convierte en una colección de historias, tal como lo fue el “Atrapar el Viento“, mi primer disco. Esta vez, sin embargo, mi decisión es dejar que la historia vaya creándose y los sonidos vayan surgiendo libremente.

Tengo, por supuesto, ciertos parámetros: no pretendo satisfacer a una audiencia específica ni pretendo escribir sobre temáticas que están de moda. Haré un trabajo artístico íntegro y honesto y en un tiempo determinado. No quiero tardarme un siglo, así que sin la necesidad de dañar mi proceso creativo con la imposición de un rígido horario, quiero tenerlo terminado antes que finalice abril.

En resumen, y tomando las palabras del fantástico Trent Reznor,  quiero “hacer el mejor trabajo que pueda y hacerlo con integridad, y luego no puedo controlar cómo se van a sentir al respecto o que van a pensar o cómo voy a ser representado por ello”.

Mi única meta es hacer un EP de 5 canciones. No tengo idea de donde me va a llevar ello. El próximo martes iré actualizando lo que vaya surgiendo.

La virtud de ser un amateur

Apretar los dientes, marcar calendarios y forzarse a producir. Esto es lo que hace a un profesional, a diferencia del amateur. Pero yo prefiero ser amateur.

Redefiniendo al amateur

La palabra francesa “amateur” hoy se utiliza para hacer referencia a una persona que se dedica a una actividad de una forma inexperta o a nivel de aficionado, contraponiéndose al significado de “profesional”. No obstante, su etimología dice otra cosa: amateur significa “amador” o “el que ama”. El sentido en que, hace varios siglos, se utilizaba dicha palabra describía a una persona que amaba o sentía devoción por una actividad particular.

Esta última definición es importante porque no está en función ni de la preparación, ni de la destreza del sujeto, así como tampoco del resultado que obtiene fruto de su actividad. Si un profesional con mucha preparación tiene “éxito”, pero su disposición interna está orientada a la entrega total a la actividad que realiza y siente amor por ella, entonces bien se podría decir que tal profesional es, al mismo tiempo, un amateur. La condición de amateur no tiene nada que ver con otra cosa que no sea el amor que impulsa al sujeto a sumergirse en su actividad.

No puedo ni quiero negar que la idea de realizar la actividad aún cuando no se tienen las ganas es buena, porque es importante aparecer si realmente se quiere producir algo de valor. Además, como en todo amor, la actividad amada podría proporcionar ciertos conflictos, de vez en cuando, sin que ello signifique el fin del amor. Incluso, puede que lo haga crecer y lo fortalezca.

Requisitos para ser un amateur

Los requisitos para portar el estatus de “profesional” tienen que ver con la experiencia y los programas curriculares. Y por ello, cualquier persona, siempre que cuente con los medios necesarios, podrá convertirse en profesional. Si además desarrolla destrezas y conocimiento es posible que alcance un nivel de aquello que el mundo denomina “éxito”. Sin embargo, discrepando con lo que se suele enseñar en este tiempo, pienso que ser canónicamente “exitoso” no tendría que ser el fin más alto al que aspirar en la vida.

Por el contrario, lo que te da el carácter de amateur es una disposición interna mucho más difícil de conseguir que un cartón. Y digo difícil no porque piense que esto se resuelva con una introspección que permita saber cual es la afamada “actividad para la que naciste” y sencillamente dedicarte a hacerla. Sino, porque un amateur es también alguien capaz de aprender a amar una actividad. Hacer lo que ama le resulta sencillo. Pero también puede ir más allá y aprender a amar lo que hace.

La acción que emana del amor siempre resultará más poderosa que una disciplina férrea, cuasi militar. Nada puede la imposición contra la experiencia de gracia que se ve representada por la inmersión total en el hacer. Que el espíritu amateur llegue incluso a aquellas pequeñas cosas cotidianas y lo impregne todo, si es posible. Porque nada malo puede surgir de una vida que se vive amando.

#ProyectoEP. Definir qué hacer (1.ª parte)

Si Dios quiere, durante el transcurso de este año tendré algo de presupuesto como para grabar un EP sencillo de 5 canciones. Un EP es, para quienes no están familiarizados con el término, un disco de pocas canciones. Por el momento tengo una duda relacionada a si la canción que estoy por lanzar debe formar parte del pequeño disco o si, al igual que “Emerger”, la dejo fuera y la mantengo sencillamente como un single.

Me doy un plazo de una semana para definir qué quiero hacer con ese EP. Voy a aprovechar para pensar consciente y difusamente y luego decidiré qué es lo que realmente quiero hacer. Continuaré este post el próximo martes, cuando haya definido cual es mi siguiente pequeño paso musical. Voy a pensar no solo en lo que quiero lograr, sino también en la forma en que abordaré este trabajo. Tengo una pequeña colección de canciones y parte de lo que debo definir es si voy a guardarlas y componer desde cero.

Espero que en un tiempo no tan lejano mis queridos oyentes tengan el fruto de esta idea  en sus plataformas preferidas.