El minimalismo digital como filosofía

Si estás en búsqueda de mejorar su dieta digital y sabes inglés, te propongo ver el vídeo de esta conversación completa entre Cal Newport y Rich Roll. Es un intercambio bastante interesante entre dos personas inteligentes y puede servir de incentivo para leer el  último libro de Newport: “Digital Minimalism: Choosing a Focused Life in a Noisy World” y, sobre todo, tomar acción para mejorar aquellos hábitos vinculados al uso de la tecnología.

El “Minimalismo Digital”, tema sobre el cual gira la discusión, es una filosofía propuesta por el Dr. Cal Newport – profesor de ciencias de la computación en Georgetown y escritor de 6 libros exitosos – en la que se establece qué herramientas digitales son las que añaden valor a tu vida, de acuerdo a lo que consideras esencial. El minimalista digital se caracteriza por poner su tiempo y atención al servicio de sus intereses más profundos y por eso, no sólo le basta con definir qué herramientas utiliza, sino además cómo, cuando y por cuanto tiempo las va a utilizar, porque entiende que muchas de estas herramientas están diseñadas para ser adictivas. Asimismo, el minimalista digital no tiene reparos en eliminar todas aquellas herramientas que brindan un valor de muy baja calidad.

La idea del minimalista digital es que las herramientas digitales no constituyan una distracción o escape, sino que apoyen el ejercicio de vivir una vida llena de sentido y satisfacción, que es algo que los humanos anhelamos. Quizás no sea la respuesta perfecta, pero es una muy buena opción personal ante la inversión billonaria de empresas tecnológicas que pugnan por monopolizar nuestra atención, volviéndonos cada vez más distraídos.

Aquí va:

La fama, el placer y la propia actividad

1.- Ser aplaudido por miles, verse a sí mismo en los canales de televisión, ser la portada del periódico más leído de la ciudad. Ser reconocido en la calle, independientemente de la actividad que se realice.

La fama no es mala en sí misma, porque puede ser la consecuencia de un trabajo bien hecho. Sin embargo, muchas personas tienden a ver la actividad que realizan únicamente como un medio para alcanzar el elogio y el reconocimiento. Cuando la fama se convierte en un fin en sí mismo, dejando de importar los medios con los cuales se alcanza, ésta se constituye como una búsqueda superficial de validación.

Y ha generado que miles de personajes cuyo único mérito es tener un teléfono con conexión a internet se conviertan en los “influencers” de una generación que llama “diversión” a su adicción a pasarse varias horas diarias mirando una pantalla de colores.

2.- Vivir una vida hedonista, marcada por la continua satisfacción del antojo, sea cual sea. Vivir para los sentidos: ponerlos de amos y actuar como sirvientes leales en la perpetua búsqueda de estímulos.

La búsqueda de placer es absolutamente normal en el ser humano. Pero quienes hemos caído alguna vez en la búsqueda desenfrenada de alguna forma de placer sabemos que esta es una forma dañina de vivir. El placer es parte importante de la experiencia humana, pero es importante darle el lugar apropiado: es un buen sirviente, pero un pésimo amo.

3.- Vivir una vida enfocada en la propia actividad. En la mejora continua. En el aprendizaje. En la concentración. En la voluntad. En la disciplina y el sacrificio. Esta es una forma virtuosa de vivir.

Dejar de estar sometido a las presiones del día, a los estímulos inacabables que ofrece la tecnología de hoy. Sobre todo dejar de engañarse llamando “libertad” a nuestra actividad compulsiva y reconocer que mucho de lo que hacemos en línea cae en patrones adictivos. Escribo esto principalmente por mi propia experiencia. No niego que es divertido pasar un rato en alguna red social. Sin embargo, 7 horas al día es preocupante. Y a mí me ha pasado.

Pasar un tiempo con los propios pensamientos, sin esos estímulos que hoy lo invaden todo. Decidir poner la atención en algo productivo. Construir poco a poco el camino. Experimentar y aprender. Servir a los demás. Esta es una forma virtuosa de vivir, desde tiempos inmemoriales.

Y digo esto último, porque este post ha sido escrito en base a una frase que fue escrita hace muchísimos años. Y está dividido en tres puntos por la estructura de la misma. La frase a la que hago alusión la saqué de las “Meditaciones” de Marco Aurelio (121 d.C. – 180 d.C.), el sabio emperador/filósofo:

El que ama la fama considera bien propio la actividad ajena; el que ama el placer, su propia afección; el hombre inteligente, en cambio, su propia actividad.

Marco Aurelio

El hombre inteligente podría llegar a ser famoso. Pero no viviría ni para la fama ni para las oportunidades de placer que trae la misma. Sino que siempre volverá, con renovado entusiasmo, a enfocarse en su propia actividad.

#Libros – marzo 2020

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Sé que resulta un poco tarde postear esto, pero los meses que pasaron fueron de adaptarse al trabajo remoto, implementar nuevos hábitos, disfrutar de pequeñas cosas en casa y crear música. Además, se me dio por avanzar varios libros al mismo tiempo. Pero por otro lado, hay un sentido en postear un resumen de los libros que ya leí hace un tiempo: me fuerza a rebuscar en mi memoria el contenido de lo aprendido. Aunque, claro está, los mejores efectos de un libro no están en la memoria, sino en la acción.

Comparto los que he terminado en el mes de marzo de este año:

  • Deep Work: Rules for Focused Success in a Distracted World” de Cal Newport.

Traducido al castellano como “Enfócate” por la Editorial Paidós, este libro es casi de cabecera: desde 2018 es tercera vez que lo leo, a un ritmo de una vez por año. Newport es también autor del libro “Digital Minimalism”, sobre el que he escrito también y del blog “Study Hacks“, del cual soy lector habitual.

Evidentemente, no concuerdo con todas las ideas de Newport pero sí puedo rescatar la utilidad práctica de muchas de ellas. En este libro, el autor presenta un argumento a favor del “trabajo profundo”, el cual define como “actividades profesionales que se llevan a cabo en un estado de concentración desprovisto de distracciones, de tal manera que las capacidades cognitivas llegan a su límite máximo. Este esfuerzo crea valor, mejora las habilidades y no es fácil de replicar“.

La capacidad de concentración que favorece el trabajo profundo es cada vez más escasa en este estado de distracción constante en que vivimos, en el que se confunde el estar ocupado con ser productivo. Y en el trabajo del conocimiento, el trabajo profundo resulta cada vez más valioso. Newport no solo presenta argumentos filosóficos, neurológicos y psicológicos a favor del trabajo profundo, sino que también propone diversas acciones que pueden favorecer la mejora en la habilidad de hacer “trabajo profundo”.

Porque también deja en claro que el “trabajo profundo” es una habilidad y no un hábito. No es algo que solo hay que decidir hacer y luego haremos sin problema. Tenemos la capacidad de hacerlo pero es una destreza; por tanto, requiere de un entrenamiento que permita re-cablear nuestro distraído cerebro. El aprender poco a poco a trabajar profundamente hasta convertir nuestra atención en un rayo “láser”, no solo nos dará ventajas competitivas en este mar de distracción, sino que será, en sí mismo, gratificante.

  • Free to Focus: A Total Productivity System to Achieve More by Doing Less” de Michael Hyatt.

Es un libro que tiene algunas cosas interesantes, pero propone un sistema que no voy a utilizar. De todos modos, las ideas buenas hay que tomarlas de donde provengan.

El libro se divide en tres partes: parar, cortar y actuar. La primera parte, relacionada al acto de “parar”, tiene que ver con detenerse a formular una visión clara y construir en base a dicha visión. Luego, la idea de cortar está relacionada a eliminar lo innecesario, automatizar (generar hábitos) y aprender a delegar. Y finalmente, la idea de actuar tiene que ver con planear una semana ideal, en la que se dispone de espacios para trabajar sin distracción y a partir de ahí planificar cada día según sus tres tareas más importantes.

El esquema que utiliza Hyatt tiene 4 “zonas” para distintos tipos de actividades:

Zona de trabajo pesado: actividades por las que no se siente ninguna pasión ni tampoco se tiene la competencia necesaria.

Zona de desinterés: actividades que se realizan de forma competente pero no generan satisfacción.

Zona de distracción: actividades que generan satisfacción pero para las cuales no se tiene competencia.

Zona de deseo: actividades que generan satisfacción y para las que se tiene competencia.

Hyatt propone implementar un calendario que permita permanecer la mayor parte del tiempo que se trabaja en la zona de deseo. Asimismo, algunas actividades de la zona de distracción pueden entrar temporalmente a una quinta zona: “la zona de desarrollo”. Ahí es donde se va a desarrollar la competencia necesaria para que pase a formar parte de la “zona de deseo”.

¿Por qué no usaré este sistema? Principalmente, porque ni históricamente ni en este preciso momento he sido de tener una visión de largo plazo. Hay quienes dicen que si no tienes una visión, aterrizas en cualquier parte. Y es cierto. El tema es que he visto a personas sin visión de largo aliento aterrizando en mejores lugares que la gente que tenía una visión fija. Pero en definitiva, no creo en reglas universales de esta clase. Está claro que a mucha gente esa perspectiva le funciona.

Sin embargo, la idea de “planificar e implementar” a largo plazo contradice mucha de mi experiencia práctica, en la que los resultados más gratificantes vinieron primero de la acción y luego de la reflexión posterior. La idea de que sabremos todo a partir de la reflexión o la introspección pierde de vista un detalle importante: la pasión se desarrolla en la práctica, no como idea abstracta.

En ese sentido, si tengo alguna visión a largo plazo – además de seguir creando música que es algo que no puedo no hacer – es la siguiente: el entusiasmo, la curiosidad, la gratitud, la inclinación a servir y la pasión por superar las dificultades auto-impuestas que provienen del aprender tienen que estar. Quizás me vuelva carpintero y termine construyendo mi propia guitarra o me vuelva programador y desarrolle una app. Quizás ambas. El detalle de la actividad es lo que menos me interesa.

El libro “Range: Why Generalists Triumph in a Specialized World” de David Epstein me hizo identificarme y resonó totalmente conmigo. Gracias a él, pude obtener evidencia de que una visión a largo plazo no es crucial al momento de construir una vida y una carrera satisfactorias. Y que cada quien va a su propio ritmo. En esa línea, soy más afín al trabajo de Epstein, Herminia Ibarra y Oliver Burkeman que al de Hyatt.

No obstante, rescato algunos puntos del libro relacionados a la eliminación de las distracciones y la automatización de ciertas actividades para no gastar calorías decidiendo si se tienen que hacer o no. Hyatt también cita el libro de Cal Newport que he comentado en este mismo post, reforzando la importancia del “trabajo profundo”.

 

La vieja y confiable técnica Pomodoro

Quizás su éxito radica en que al cerebro no le parece tan amenazante la idea de pasar solo 25 minutos enfocado en una misma cosa. De esa manera, la titánica tarea de construir algo tan complejo como un informe o tan extenso como una tesis se reduce a lo que puedes hacer concentrado plenamente en estos 25 minutos. La técnica consiste en trabajar en intervalos sin interrupciones de 25 minutos por 5 de descanso. Y luego de 4 pomodoros, tomarse un descanso largo de 20 minutos. Es preciso mencionar lo siguiente: si trabajas mirando una pantalla, el descanso de 5 minutos funciona mucho mejor haciendo algo distinto que mirar otra pantalla. Caminar, estirar o incluso leer el extracto de una novela son buenas opciones.

Este conocido método de productividad fue creado por Francesco Cirillo, el cual utilizó herramientas tan sencillas como papel, lápiz y un reloj temporizador mecánico (en realidad, la técnica Pomodoro se llama así por la forma de tomate del clásico reloj de cocina que utilizó Cirillo). En la página de Wikipedia de la técnica se dice lo siguiente: (…) “en su visión, el acto de girar el dial del reloj confirma físicamente la determinación del usuario para comenzar y los sonidos del tic-tac o el timbre final tienen que ver con el comportamiento condicionado que se va desarrollando en su relación con el tiempo”.

En este tiempo hay infinidad de aplicaciones y páginas web que ayudan a sostener la práctica. Quizás la determinación del usuario no sea tan físicamente obvia como cuando se gira el dial del reloj de cocina, pero apretar el botón de una página web o app y estar consciente de que el tiempo está corriendo también puede darle la señal al cerebro de que es momento de trabajar. En mi caso, vengo utilizando la página web http://www.pomodoro-tracker.com desde hace dos meses con bastante éxito.

Hay momentos, sin embargo, en los que el nivel de concentración es tan alto que lo que conviene es seguir trabajando y no tomarse los 5 minutos de descanso. En ese caso, una buena opción es saltarse el descanso y apretar el botón para continuar inmediatamente con un nuevo pomodoro o sencillamente olvidarse de los pomodoros y dejarse absorber por el trabajo profundo. Cumplir con los pomodoros no es un fin en sí mismo, sino una herramienta que utilizamos para realizar aquello que hemos decidido que es importante.

Al inicio no me propuse sostener esta técnica como la definitiva, sino que partió de un experimento para ver si me funcionaba. Jugué con la técnica unos días, que se fueron volviendo semanas y que ya son meses. Me parece que una de las claves del éxito de la técnica está en la extensión del tiempo: 25 minutos no asustan al cerebro. Poco a poco la destreza de hacer trabajo profundo puede hacer que el tiempo se extienda. O que la capacidad de concentración mejore tanto que permita hacer mucho más en esos 25 minutos. Lo cierto es que es una cantidad de tiempo razonable.

Para poner a prueba la técnica, entré a la página web que mencioné anteriormente y luego de un click supe que era momento de ponerme a trabajar en este post. Y le agradezco a la técnica, porque por 25 minutos seguidos he logrado iniciar y terminar este post. Me salté los 5 minutos de descanso para editarlo y postearlo. Y como podrán darse cuenta, si bien este post no es el mejor texto del mundo, es mejor haberlo escrito a no haber escrito nada. Ese es el poder de la técnica.

Contra la auto-indulgencia

Es cierto que en el sistema en que hemos crecido, muchas veces hemos visto como se ha tratado sistemáticamente al ser humano como un simple medio cuyo propósito esencial es cumplir los fines de otro. En ese orden jerárquico retorcido, el hombre ha dejado de ser un fin en sí mismo, y el poder, el “éxito”, el estatus y el dinero han pasado a ser los objetivos sagrados. Esto claramente es un error categórico. El ser humano no debería convertirse en un “hacer humano”.

No obstante, a veces la salida que se propone ante un error categórico no necesariamente es la idónea. La historia puede ofrecer cientos de ejemplos en los que se intentó corregir un error categórico con otro de su misma clase. Es por eso que en este post me propongo cuestionar aquella noción que, equivocadamente, asume que la respuesta idónea a la productividad extrema e insensata es el tratarse a sí mismo con excesiva indulgencia.

En el último tiempo y debido a la crisis de salud pública que, a nivel mundial, conllevó al aislamiento social, millones de personas ha tenido que, forzosamente, pasar tiempo en su casa. Y es a partir de esta suspensión de una vida acelerada, que se han venido difundiendo diversos mensajes vinculados a la idea de que, al no ser máquinas destinadas a producir todo el tiempo, este es un tiempo para tratarse a sí mismo con mucha indulgencia.

No obstante, si bien la idea de que no somos máquinas es correcta, habría que considerar la idea de la auto-indulgencia como otro error categórico y, de paso, cuestionar esa noción moderna de “relajo”, que muchas veces no es otra cosa que la racionalización de la adicción que muchas personas tienen a apretar botones en su teléfono móvil, pasando de una red social a otra sin control. El “relajo” de esa clase de actividades realizadas de forma compulsiva no es tal, sino un eufemismo bonito destinado a cubrir un vicio.

Relajarse no tiene que convertirse en sinónimo de inactividad u holgazanería. El relajo es necesario y el ser humano lo necesita todos los días. Sin embargo, la necesidad de que dicho estado sea perpetuo es tan razonable como la idea de comer todo el día y sin parar, bajo la justificación de que se necesita comer. El descanso y el trabajo profundo son buenos amigos y son ambos necesarios y gratificantes. Diversas investigaciones sugieren que, contrariamente a lo que se cree, un descanso profundo implica desconexión.

Casi todo vuelve a funcionar de nuevo si se desconecta durante unos minutos, incluido tú.”

– Anne Lamott.

Si bien es esencial el darse cuenta que cada momento es valioso, habría que considerar que la noción de culparse a uno mismo por no producir nada o por desperdiciar el tiempo no resulta beneficiosa en sí misma, salvo que produzca el cambio deseado. Es una paradoja perder el tiempo culpándose a uno mismo por haber perdido el tiempo. Y sin embargo, ahí estamos cayendo constantemente en eso. Mejor es dejar el pasado en el pasado y decir, como Benjamin Franklin al inicio de cada día: “¿qué cosa buena puedo hacer hoy?”. Y si tres cuartos de un día ya se fueron, habrá que refrasear y decir “¿qué cosa buena puedo hacer en este momento?”. Nunca es tarde.

Pero la salida de la auto-indulgencia que conlleva a decir “como no soy una máquina, voy por el día relajado, reaccionando a lo que me provoque” constituye muchas veces una forma de auto-engaño barato. Lejos está la libertad de esa actitud caprichosa e infantil. Porque si bien no hemos nacido para ser tratados como simples máquinas, existe en el ser humano, además de su valor intrínseco, una especie de alegría que solo proviene del trabajo bien hecho. Del crear, de aprender y de avanzar. Y muchas veces la gratificación que llega al final es proporcional al sacrificio y al esfuerzo que hubo que ponerle.

Internet no necesariamente tiene que ser el refugio de la adicción a la distracción, sino que también se presenta como oportunidad: es un espacio en el que, si se quiere, se conseguirán cursos y tutoriales valiosos. Por ejemplo: si se quiere aprender algo sobre  ética y justicia, Harvard ofrece gratuitamente el curso completo de “Justicia”, cuyo profesor es Michael Sandel, uno de los mejores filósofos del mundo. Aprender cuesta, pero su impacto positivo genera una gratificación mucho mayor que la que proporciona el “like” que le acaban de poner a nuestra última foto.

En resumen, el no ser una máquina, no quiere decir que la holgazanería o el pasarse horas en un túnel de estímulos digitales sea el fin último del ser humano. Habrá un tiempo para disfrutar el no hacer nada. Pero hay una opción mucho más seductora que la auto-indulgencia: Aprender algo nuevo. Concentrarse en una actividad que lo valga. Crear algo con las manos: un mueble, un pastel, un arpegio. Y dejar de creer que uno tiene que ser el niño mimado de uno mismo.

 

Mis podcasts preferidos

Mi forma de acceder a ideas inspiradoras de diversas personas, no solo se da únicamente a través de artículos, libros o entrevistas realizadas por medios de comunicación gigantes. En este tiempo, una de los medios más difundidos para acceder a tal clase de ideas son los podcasts. El formato de los podcasts que escucho son conversaciones flexibles entre la persona que conduce el podcast y un entrevistado o entrevistada interesante que, por lo general, es especialista en un tema y suele haber publicado algún disco o libro sobre el cual se centra la conversación. Lo genial de los podcasts es que se suben fácilmente a internet, son gratuitos y están disponibles no solo en la página web de quien los conduce, sino también en Youtube, Spotify, Apple Music, etc.

Existen infinidad de podcasts y muchas veces un buen escritor va a conversar a varios de ellos, haciendo entrevistas similares. No obstante, mi preferencia por algunos podcasts  sobre otros está en quien los conduce: la inteligencia y la forma natural en que permite que surja la conversación terminan marcando la diferencia. Son personas que no solo hacen comentarios profundos e inteligentes, sino que saben escuchar. Advirtiendo previamente que todos los podcasts que escucho están en inglés, los comparto:

  • The Rich Roll Podcast. Conducido por el atleta vegano Rich Roll, es uno de los podcasts más escuchados y descargados del mundo. Es mi preferido también. Rich Roll es un tipo honesto e inteligente y, sobre todo, sabe escuchar. No me interesa escuchar a todos sus invitados, porque su rango de temas es bastante amplio, pero cuando he escuchado a alguien que me interesó nunca me decepcionó.

https://www.richroll.com/category/podcast/

  • The Art of Manliness Podcast. Brett McKay y su esposa Kate escriben juntos los buenos artículos de “The Art of Manliness”. El podcast lo maneja Brett, gran conversador y un tipo curioso, inteligente y abierto a las ideas que presentan sus invitados, sin necesariamente coincidir con ellas.

Podcast

  • The Bulletproof Musician Podcast. Este podcast lo recomiendo a músicos. Noa Kageyama es un músico profesional, además de psicólogo. En su página web suele revisar artículos científicos sobre psicología y los aplica en el contexto de la mejora de la práctica y el desempeño musical. En su podcast entrevista a músicos prolíficos, ahondado no solo en la preparación musical, sino también poniendo énfasis en la cuestión mental. Muy interesante.

The Blog

  • Building a Storybrand with Donald Miller. Este podcast lo recomiendo a emprendedores. No suelo escucharlo mucho, salvo cuando me llama la atención un tema en particular. Donald Miller, que ha escrito algunos libros auto-biográficos y otros sobre marketing, es un buen conversador y centra su misión en ayudar a emprendedores a compartir un mensaje más claro y directo, utilizando el “story-telling” como herramiento principal.

Blog

Evidentemente, cuando uno tiene prioridades no siempre se tiene el tiempo de escucharlos. Pero cuando hay algún tiempo libre y me provoca escuchar algo interesante, busco algún episodio que me interese de algunos de estos podcasts y le presto mi atención.

De pesas y filosofía

adult-athlete-barbell-body-685530Imagen de uso libre 

Poner en práctica determinada filosofía es como levantar pesas: si bien es casi indispensable contar con la ayuda de un guía, la única forma de hacer crecer el músculo, sea éste moral o físico, será tomando acción. Si uno se dispone a leer treinta y cinco tomos sobre las diferentes técnicas de ejercicios con pesas y no levanta un solo kilo, ese conocimiento no servirá en absoluto ni para fortalecer el músculo ni para considerarse a uno mismo un deportista.

Existen diversas personas reconocidas en el campo académico que, pese a las maestrías y los doctorados en ética, no solo no encarnan aquello que dicen creer, sino que llegan a contradecir con sus actos aquel vasto conocimiento teórico que poseen. Y, por el contrario, paradojas de la vida, el mundo también goza de personas de condiciones  muy humildes que, sin haber conocido nada cercano a una educación grandiosa, pueden dar lecciones prácticas sobre justicia, ética, dignidad y otras virtudes.

No me considero autoridad moral para juzgar a nadie, porque como cualquier humano he caído por debajo de mis propios estándares. Pero también soy consciente que cada momento se desenvuelve como una posibilidad de elegir bien. En ese sentido, tomo una frase del gran filósofo/emperador Marco Aurelio, no para memorizarla y recitarla, sino para aplicarla en la práctica, que es donde importa:

“No te disgustes, ni desfallezcas ni te muestres impaciente si tus acciones no se ajustan a tus rectos principios. Una vez que hayas superado ese contratiempo inicial, inténtalo de nuevo con renovadas fuerzas y date por satisfecho si tus actos y tus objetivos se han vuelto más humanos”.

Marco Aurelio

Una acción es más grande que veinte tomos de abstracciones. Con ello no estoy diciendo que la teoría no importe, sino únicamente que la teoría sin práctica no sirve para mucho. La teoría puede ayudar mucho, pero pensar que uno va a hacer crecer los músculos con solo leer libros sobre pesas y ver vídeos en Youtube es ridículo. Del mismo modo, pensar que uno va a encarnar la virtud con solo leer libros de filosofía es igual de absurdo.

Soichiro Honda, ingeniero japonés y fundador de Honda Motors, lo puso de una forma muy clara: “la acción sin filosofía es un arma letal, la filosofía sin acción está muerta“. La palabra clave es acción. Si no se pudo ayer, hoy. Si no se pudo hace un rato, en este momento. No tiene que ser grandiosa. Una pequeña acción. Una pequeña victoria.

PD: los futboleros me entenderán cuando digo que dudo mucho que Riquelme haya aprendido a jugar al fútbol leyendo libros sobre dicho deporte.

La felicidad según López-Aranguren

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Hoy estuve leyendo un blog que me gusta mucho y me tope con una observación lúcida de Jose Luis López-Aranguren Jiménez, filósofo español del siglo XX, sobre la felicidad. La comparto con ustedes:

“En todos los tiempos, en todas las culturas ha sido constante el anhelo del ser humano por alcanzar la felicidad. Todos aspiramos a la felicidad y la buscamos de mil maneras. ¿Lograremos encontrarla? Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del “consumidor satisfecho” es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva nada o casi nada? Otro modo de búsqueda de la felicidad es la autocomplacencia: así, el goce del propio placer, el deseo de perfección o la práctica de la virtud. Aspiramos a la felicidad, pero aspirar no es lo mismo que “buscar” y, todavía menos, que “conquistar”, ni fuera ni dentro de nosotros mismos. La felicidad es un don, el don de la paz interior, espiritual, de la conciliación o reconciliación con todo y con todos y, para empezar y terminar, con nosotros mismos. Para recibir el don de la felicidad el talante más adecuado es, pues, el desprendimiento: no estar prendido a nada, desprenderse de todo. La felicidad, como el pájaro libre, no está nunca en mano, sino siempre volando. Pero tal vez, con suerte y quietud por nuestra parte, se pose, por unos instantes, sobre nuestra cabeza”.

 

Del experimentar y su trascendental motivo

Hoy empezaré un nuevo experimento. Quiero aprender más sobre Instagram como plataforma para posicionar marcas, así que me inscribí en un curso virtual sencillo. La razón por la que quiero aprender estrategias sobre el uso de una plataforma como Instagram es para usarla menos. Esto es aparentemente contradictorio, pero felizmente solo lo es en apariencia.

Como músico, considero que Instagram es un espacio digital que ofrece oportunidades importantes para mostrar el trabajo que uno hace y conectar (al menos hasta cierto punto) con personas. Sin embargo, también es importante reconocer que esta clase de redes utilizan mecanismos destinados a generar adicción. A veces, pese a que estoy al tanto de ello, puedo pasarme horas en un scrolling hipnótico.

Es por eso que mis lecciones sobre Instagram las voy a tomar como un aprendiz de carpintería tomaría sus lecciones con una herramienta específica que lo ayuda a trabajar con la madera. Evidentemente, un aprendiz de carpintería no llevaría su sierra eléctrica a todas partes. Del mismo modo, al conocer y utilizar estratégicamente una herramienta digital que apoye la difusión de mi trabajo como músico, no tiene sentido dejar que invada todo lo demás, sino únicamente aprovechar sus beneficios dándole un espacio y un tiempo determinado.

Este experimento me va a costar. No me es fácil abandonar la imagen que tengo de mí mismo como alguien que ha llegado a sentir desdén por una plataforma que muchas veces parece abrazar la exaltación de la superficialidad. Voy a tomar lo mejor que me ofrece el curso y diseñar la mejor estrategia para utilizar la plataforma sin traicionar mis valores y mi integridad.

La autenticidad no es una cualidad del alma empozada, sino que es inherentemente evolutiva. El mejor regalo de Dios no es haberte hecho fijo y cerrado, sino haberte creado con la capacidad de crearte. Hay cosas que no cambian, evidentemente. Y es bueno tener una brújula moral. Por lo demás, eso de “ser tú mismo” en campos en los que no tienes experiencia siempre estará sobrevalorado.

En mi opinión, una mejor idea será crearte y auto-esculpirte a través del aprendizaje y convertirte en la versión de ti que ahora domina una habilidad que antes no tenía, en lugar de quedarse diciendo perpetuamente “es que esa no soy yo”. Esto apunta hacia algo mayor: convertir la vida en una obra de arte. Jugar con diversas versiones de uno mismo. Intentar mejorar cada día. Y recordar siempre que hay que partir desde la aceptación y el amor propio e incondicional. Así no haremos las cosas por pura necesidad de validación, sino por el fuego interior que nos hará convertir nuestra vida en una auténtica obra.

Cantar en el Vaivén

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Hoy se estrenó en todas las plataformas digitales “Cantar en el Vaivén”, mi nuevo tema. Estoy agradecido por todo: desde el haberla creado como jugando, hasta editarla y grabarla. Tremendos músicos y artistas que me acompañaron.

Creo que es una canción propicia para este tiempo. Comparto con ustedes la letra y el enlace de Youtube.

CANTAR EN EL VAIVÉN

Puedo ser

Reflejo del azul marcado en la piel

Cantar una canción cuando no vaya bien

Morir y luego ponerme de pie

Emprender

Un vuelo en el que no haya un destino cruel

Sentir la fresca brisa del amanecer

Bastarme lo que al frente puedo ver

Y sé bien

Que un miedo camuflado puede aparecer

Que el viento no es un enemigo al que temer

Y un fino aliento me incita a creer

A creer

Volar pese a temer

Cantar en el vaivén

No hay mapas que seguir

La ruta la sabré

 

PD: Aquí dejo los enlaces para Spotify y Apple Music:

Spotify:

Apple Music:

https://music.apple.com/pe/album/cantar-en-el-vaiv%C3%A9n-single/1509123316