Meditación e Instagram

A inicios del mes de mayo del presente año me había propuesto dos experimentos, uno de hábito (el ritual matutino) y uno de aprendizaje (gestión de redes sociales para proyecto musical). Voy a hacer un resumen de cada uno de ellos.

Experimento de hábito: el ritual matutino

Desde el lunes 16 de marzo de 2020, fecha en que inició el aislamiento social obligatorio a raíz de la pandemia, mis mañanas fueron fluyendo de acuerdo a cómo me levantara ese día. Esto no necesariamente está mal, porque muchas de esas mañanas fueron creativas y productivas. Sin embargo, quería probar el implementar una rutina consistente.

Por ello, a partir de mayo empecé a experimentar con un ritual matutino. La idea inicial era meditar, orar y leer proverbios. Es así que empecé a meditar con la prueba gratuita de la aplicación “Headspace”. Hice una ronda completa de 10 meditaciones de 3 minutos por día y luego hice una ronda de 10 meditaciones de 5 minutos por día. Luego probé la versión gratuita de la aplicación “Calm” y también descargué la aplicación “Waking Up App” de Sam Harris. Estaba por decidir a cual suscribirme.

No obstante, tuve la suerte de toparme con el inicio del libro “Biografía del Silencio” del sacerdote español Pablo D’ors: “Comencé a sentarme a meditar en silencio y quietud por mi cuenta y riesgo, sin nadie que me diera algunas nociones básicas o que me acompañara en el proceso (…)”. En ese momento decidí que no era necesario gastar entre 70 y 100 dólares al año por suscribirse a la versión “premium” de alguna aplicación de una empresa millonaria. Sentarte en una postura cómoda y enfocarse por unos minutos en la respiración es suficiente. Y eso es lo que vengo haciendo con regularidad.

Entiendo el cliché que significa el meditar en este tiempo y también estoy seguro que no es una solución universal, ni un reemplazo barato cuando lo que existe es necesidad de psicoterapia. Las distorsiones cognitivas no se combaten con meditación. Y si bien el “mindfulness” y todo el negocio que existe alrededor me suena a McMindfulness, quise hacer el experimento para tener una perspectiva personal. Porque la evidencia del aumento de la capacidad de concentración y tranquilidad en muchas personas a partir de la meditación me llamó la atención. Mi intención principal es aumentar mi capacidad de concentración, lo cual no solo mejora el tiempo y la calidad de lo que soy capaz de producir, sino que constituye un estado gratificante en sí mismo.

Después de eso, suelo hacer una oración y leo algunos versículos bíblicos. Trato de leer aquellos textos que son fuente de amor y sabiduría universal. Esto es algo que puedo encontrar también en libros seculares. Mi ritual matutino, que inicialmente estaba conformado por la meditación, la oración y la lectura, se ha ido expandiendo y los últimos días se ve de la siguiente forma:

  1. Tender la cama inmediatamente después de levantarme.
  2. Lavarme la cara y tomar agua con limón.
  3. Meditar.
  4. Orar.
  5. Leer algunos pasajes de la Biblia.
  6. Desayunar
  7. Escribir diario.

Luego de eso, a trabajar.

Experimento de aprendizaje: gestión de redes sociales para proyecto musical

Como músico me gustaría poder servir a más gente a través de mi música. Sería un sueño tener una audiencia que abarrote un teatro y estar ahí con mi banda compartiendo mis canciones. Los especialistas repiten hasta el hartazgo que para que eso sea posible es necesario posicionarse en redes sociales. Y dando el beneficio de la duda a esos consejos, decidí seguir un curso diseñado para posicionar marcas específicamente en Instagram.

Algunas cosas me van a servir: tener pilares comunicacionales, guardar una consistencia entre los posts y tener un mensaje honesto, pulido y claro. Pero aquí vienen los peros: me parece de locos la necesidad de postear todos los días. La instructora del curso, una especialista en marketing, dice que cuando no eres conocido tienes que postear dos veces al día y, como mínimo, compartir tres “historias”. Ello básicamente requiere vivir para Instagram y esto es algo que, al menos por ahora, no tengo ninguna intención de hacer.

Me parece que muchos artistas han desplazado del centro de sus actividades el trabajo en su arte, que siempre será lo más relevante, y han convertido a las plataformas como Instagram en un fin en sí mismo, cuando solo son un medio. Hoy el objetivo de muchos parece ser tener 3 millones de seguidores y vivir pegados a su teléfono. El objetivo principal de un músico debería ser escribir un disco increíble o una canción inolvidable y preparar conciertos que hagan sentir a las personas.

Y, si quiere vivir de los frutos de su arte, también aprender la mejor forma de vender lo que hace, por supuesto. Pero hacerlo con sensatez. Porque casi nadie averigua sinceramente sobre qué forma de marketing sería más relevante para que la música tenga impacto. No hay mucha evidencia que indique que la cantidad de seguidores impacte en el número de personas que va a los conciertos. Muchos artistas tienen miles de seguidores, postean todos los días y reciben muchos likes, pero no pueden llenar un teatro. Entonces, si alguien dice que necesita usar Instagram todo el día porque está “vendiendo” sú música es una justificación barata para vivir constantemente distraído y en búsqueda de likes.

El uso masivo de las redes sociales hoy en día no es sensato. Quien quiere ser una celebridad a cualquier costo no tendrá problemas en vivir su vida pegado a una pantalla de colores utilizando una aplicación diseñada para ser adictiva. Al final del día lo que posiblemente impulse a esta persona es la necesidad de validación. Por experiencia propia sé que esto es lo que busca producir la aplicación. Cada vez es más difícil para aquellos artistas que consideran el arte como un fin en sí mismo no utilizar estas plataformas compulsivamente.

Después de llevar el curso mencionado y utilizar constantemente la plataforma durante el mes pasado llegué a la conclusión de que no quiero utilizarla en junio ni un solo minuto. Esta cuestión es estratégica: estoy componiendo un nuevo disco y no quiero ser influenciado por lo “trendy”, que no me interesa. Pero, sinceramente, también me resulta un alivio no estar expuesto a esa cantidad de estímulos irrelevantes. Voy solo dos días y ya me siento más tranquilo. No creo que estemos hecho para andar documentando todo lo que hacemos. Y no está de más decir que los likes matan la creatividad.

Tener millones de seguidores no tiene nada de malo y muchos músicos los tienen. Pero su propósito siempre estará basado en la música. Quizás en julio vuelva a utilizar esta aplicación pero tendré un plan sensato. Espero llenar un teatro algún día, pero espero  conseguirlo sin la necesidad de ser un adicto a apretar botones de forma irracional en su teléfono móvil.

Experimentos mayo 2020

Tengo dos experimentos para este mes y creo que una forma efectiva de sumar a la auto-disciplina es hacerlos públicos. Como he dicho antes, en mí confluyen dos fuerzas: por una parte está la competitiva, la de querer ser mejor que ayer, la que sabe que todavía le falta mucho y que considera esa falta una oportunidad gigante para mejorar. Y por otra, está la fuerza que representa la capacidad de decir de forma clara: hoy tengo suficiente. Y sobre todo, hoy soy suficiente. No hay nada que deba hacer para completar esa noción.

Esas dos fuerzas aparentemente contradictorias funcionan, en lo que a mí respecta, muy bien juntas. La motivación de avanzar que parte de la perpetua insuficiencia genera la falsa noción de que el ser humano es un hacer humano y es en ese “hacer” donde va a completarse a sí mismo. No me interesa correr esa carrera. Por otra parte, quien dice “yo soy suficiente y ya tengo suficiente” y no hace nada más para mejorar, empezará poco a poco a empozar su alma, quitando el dinamismo y la energía que produce la mejora de uno mismo. No me interesa perder potencial.

Así que aceptando plenamente satisfecho y agradecido el momento en el que estoy, me dirijo hacia adelante, paso a paso, con dos experimentos para mayo:

Experimento de hábito: ritual matutino

En los últimos meses he construido dos hábitos: el de escribir después de almorzar y el  último, a partir del aislamiento, ha sido el de hacer deporte a las 12:45 p.m., antes de almorzar. Son dos logros importantes de mi día a día que ya no tengo que decidir si debo o no debo hacer o cuando debo hacerlos. Y cuando los estoy haciendo, lejos de ser un autómata, disfruto plenamente y de forma concentrada.

Siguiendo lo que funcionó de mi experimento anterior, me he propuesto añadir un ritual matutino que incluya un tiempo de meditación, oración y lectura de proverbios. Todavía no consigo despertarme a la misma hora en esta época y es de mi interés aprovechar mis mañanas.

Experimento de aprendizaje: gestión de redes sociales para proyecto musical

Estoy empezando a trabajar en el posicionamiento de mi marca como músico en redes. Sé que puede parecer un aprendizaje trivial, pero el experimento constituye jugar a cambiar un poco de paradigma sin perder la esencia. Mi intención no es convertirme a mí mismo en una celebridad de redes que pasa todo el día pegado a su teléfono, sino compartir estratégicamente información centrada en lo más importante: la música y mi experiencia como músico.

Hasta ahora he manejado las redes improvisando con aquello que se me ocurriera en cualquier momento, lo cual me ha hecho desperdiciar tiempo que he podido invertir en crear. En ese sentido, estoy aprendiendo a usar las redes con un propósito y con el objetivo de utilizarlas menos.

Ahí vamos!

30 poemas en 30 días

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Hacía tiempo quería escribir poemas libres, es decir, sin una estructura predeterminada y sin que tengan la obligación de rimar. Esta forma de poesía resuena conmigo y lo confirmé cuando conocí la película Paterson, que ya vi 3 veces. Sin embargo, casi nunca escribía, por presunta falta de tiempo o por no estar en las condiciones perfectas.

Hasta que decidí dejar de engañarme y emprendí un experimento de 30 días. Las condiciones eran claras y sencillas: desde el 2 hasta el 31 de octubre de 2019 tenía que escribir un poema diario, sumando 30 poemas para el fin de mes. Conociendo mi aversión por la rigidez, tanto impuesta como auto-impuesta, decidí que no tendría que haber una hora o un lugar para escribir, siempre que se cumpla con la única condición obligatoria: escribir 1 poema diario. Y así, llegamos al 31 de octubre y he completado mi objetivo: tengo un cuaderno con 30 poemas.

Me siento agradecido por haber plasmado en papel algunas de las cosas que, sin el experimento, aún tendría guardadas. He escrito en diversas condiciones: desde un bote en el Río Morona, en mi cama en Lima, en la plaza de armas de Tarapoto, en mi cama de hotel en Puerto América. Aproveché un viaje que hice a la selva en mi trabajo como servidor público y escribí sobre mis vivencias y mi interpretación de ellas. Creo que escribir de esta forma es una forma interesante de conocerse y descubrirse.

Habiendo leído todos los poemas, debo confesar que estoy más que satisfecho con lo que he escrito. Considero, parafraseando a Sabina, que el traje de poeta me queda enorme: solo he juntado palabras que podrían estar en formato de prosa y las he acomodado al estilo de la poesía de Paterson. Pero me ha gustado y voy a seguir escribiendo. Quizás este año termine coleccionando 90 poemas y por ahí que termino armando un pequeño poemario con los 50 mejores. Eso está por verse.

No obstante, me acompaña también otra forma de satisfacción: la de haberme propuesto un objetivo de 30 días y haberlo cumplido. Lo más importante de este tiempo ha sido, sin duda, el contenido de los poemas y el acto de escribir como fin en sí mismo. Pero no voy a descartar esa otra parte, la de proponerse algo y cumplirlo.

Lo que viene ahora es un noviembre de más aprendizaje. Al tiempo que sigo escribiendo estos poemas, he decidido emprender un nuevo experimento de 30 días, relacionado a un estilo de vida saludable. Pronto iré detallando los avances de este nuevo proyecto, cuyas condiciones también traté de simplificar, a fin de tener claridad sobre lo que debo hacer.

¿Por qué experimentos de 30 días? Porque me gusta trabajar en algo nuevo, dar rienda suelta a la curiosidad y experimentar con algunos de mis intereses. Me motiva moverme y aprender. Mi vida como músico, abogado y mis otros intereses forman parte de una sola vida integrada, en la que todo suma. Y en mi visión confluyen dos cosas: la aceptación y agradecimiento por estar donde estoy, viviendo en el presente, y las ganas constantes de aprender y mejorar.

Te recomiendo estos experimentos de 30 días, sea cuales sean tus intereses personales. Es una forma interesante de darle espacio a alguna parte de nuestra vida que queramos impulsar, sin alarmar a nuestra mente con un cambio dramático o largo. Únicamente se trata de una acumulación de pequeños actos durante 30 días. Y si quieres seguir luego de ello, se hará más fácil, porque habrás aprendido a disfrutar el proceso, además de notar los resultados.

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