Política en las redes sociales

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Imagen de uso libre 

Mucha gente cree que adoptar cierta postura política en redes sociales es un acto de rebelión necesaria para demostrar que se está del lado correcto de la historia. No sé si esta gente no se da cuenta o no se quiere dar cuenta que el medio en el cual se expresan sus opiniones – o, en algunos casos, las opiniones que creen que son las suyas – son un producto elaborado por empresarios cuya finalidad es hacerlo lo más adictivo posible para ganar dinero. Entonces la idea de tener a los usuarios enfrascados en un debate ideológico es bastante fructífera desde los estándares de la llamada “economía de la atención”.

Pero más allá del medio, llama la atención que tantas personas opten por tercerizar su  verdadera evaluación de las cosas y asuma como propia la opinión de grupos, de todos los espectros políticos, que utilizan estos medios para decir cual debería ser la forma de pensar oficial de los humanos avanzados e inteligentes. Evidentemente, hay una lógica evolutiva: nadie quiere quedar fuera del rebaño y si la mayoría de ese rebaño piensa algo, pues no pueden estar equivocados. No importa que esto sea una “falacia ad populum”: la fuerza del rebaño es más poderosa que la de la lógica.

Cuando todas las opiniones de una persona se pueden resumir con panfletos ilustrados por otros, estamos ante una situación un poco preocupante. Y digo preocupante no porque sea un individualista que descarte cualquier asociación colectiva como sospechosa. Al contrario, creo que es más necesario que nunca formar y fortalecer nuestras comunidades. Pero, a mi entender, las comunidades deben resaltar dos cosas: la unión y la defensa de la individualidad. La individualidad, que representa la reflexión y el pensamiento autónomo, y el individualismo, que sin considerar los medios antepone los intereses personales a los ajenos, no son lo mismo.

En esta época de tiranía de lo políticamente correcto, pareciera que todos los que no piensan como uno son terroristas de izquierda o clones de Hitler. Y aquí hay que regresar al medio en el cual se expresan las opiniones para ver su impacto: las redes sociales reducen a la persona a la que te enfrentas a un simple nombre y una foto. No hay mucha humanidad detrás, así que atacar en defensa de lo que te hayan vendido como justo es válido, no importa que el ataque, en sí mismo, sea injusto y que eso haga que te refutes a ti mismo. ¿La humanidad del otro? Se resalta únicamente cuando es alguien que cree lo mismo, obviamente.

Y entonces, puede que mucha gente se sienta gallardamente un representante oficial de los defensores del lado correcto de la historia. Pero ante un observador externo objetivo no es más que una persona con el hábito compulsivo de apretar su pantalla. Y si este observador va más allá, posiblemente descubra a una persona caprichosa y paradójica. Caprichosa, porque independientemente de si sabe o no vivir su vida, esta persona pretende dar a entender que sabe exactamente la forma en que debería funcionar el mundo. Y paradójica, porque por una parte busca erradicar las opiniones inferiores de la gente desorientada (que, en la realidad, no son más que personas que piensan diferente) y, por el otro, necesita a esta gente “inferior”, porque sino no habría nada respecto de lo cual sentirse superior.

Decidí alejarme de esta clase de debates en esos medios, para no seguir perdiendo tiempo y energía. Pero también para tener más tiempo con mis propios pensamientos, procesando las cosas de una manera personal. Además, tengo amigos de todas las posturas políticas con los que puedo conversar en persona sin problemas. Creo que es necesario decir la verdad en este tiempo en el que se llama “discurso” a todo el contenido político que se postea en redes sociales: no hay discurso más poderoso que el de las acciones. Uno es lo que hace, no lo que postea. Creer que el hecho de defender determinada ideología en redes sociales lo hace a uno más justo o más humano es bastante conveniente. Pero la pose y la virtud no son lo mismo.

Mientras estas peleas continúen, los prósperos geniecillos de Sillicon Valley, dueños de éstas redes sociales, se seguirán frotando las manos, porque su producto seguirá generando en la gente la compulsión de regresar a por la última pelea.

 

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