La visión

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Uno de los libros que estoy leyendo actualmente contiene un ejercicio, al finalizar uno de sus primeros capítulos, en el que se pide al lector escriba su visión sobre lo que quiere que sea su vida. Es un libro cuya tesis principal establece que la productividad no tiene nada que ver con el hacer “más cosas”, sino con el hacer las cosas correctas, no buscando la eficiencia ni el “éxito”, sino la libertad. Por lo general, esta clase de libros los leo con una dosis importante de escepticismo, el cual intento equilibrar con la disposición de tomar lo mejor que me ofrece.

Aprovechando que escribo este blog y que quiero hacer algo con ese ejercicio, me propongo resolverlo en el presente post. No obstante, y para ser claro desde el inicio, no haré el ejercicio tal como se me pide porque nunca me he tratado a mí mismo como a una empresa que formula visiones y misiones demasiado particulares. Pero también porque creo que, para individuos como yo, no resulta necesario.

Familia

En mi visión, mis relaciones con mi familia y verdaderos amigos constituye un pilar sustancial y no me imagino una vida lograda sin la compañía constante de quienes más quiero. Una de mis fuentes principales de satisfacción, de hoy y de siempre, han sido y son mis relaciones, lo cual me proporciona la certeza de saber que, en el futuro, mantenerme cercano a las personas más importantes de mi vida seguirá siendo fundamental.

Salud

Si me preguntabas hace 1 año, posiblemente te hubiese dicho que no soy una persona de gimnasios. Siempre me pareció algo poco interesante, no hecho para gente como yo. Sin embargo, en mayo del año pasado, hace aproximadamente 10 meses, me matriculé a uno y empecé a levantar pesas de forma consistente por primera vez en mi vida. Lo que hoy puedo decir es que hay pocas sensaciones tan gratificantes como empezar un lunes de trabajo por la mañana después de haber levantado unas pesas y haber cerrado la sesión corriendo un poco. Es por ello que me veo haciendo pesas en el futuro, aunque sea 1 hora por sesión y 3 sesiones por semana. Me hace sentir física y mentalmente fuerte.

Comer sano es algo que intento, aunque mi cerebro de gordo a veces gane. Quisiera, en este punto, darle un poco más de peso a los alimentos apropiados. Dormir entre 7 y 8 horas forma parte de mi visión también: a veces me quedo en 6 horas, sobre todo cuando la energía me da para seguir haciendo cosas tarde. Para la salud mental y espiritual, estoy considerando hacer un experimento de meditación/oración para ver si puedo incorporar unos minutos al día, sin saturar otras obligaciones ni auto-imponerme rutinas insostenibles. Las redes sociales las utilizaré como se utiliza una sierra eléctrica: son una herramienta de trabajo musical, no algo para llevar a todas partes.

Trabajo

En este campo, mi visión no está sujeta a una serie de actividades demasiado específicas que me proporcionarán una eventual tranquilidad o felicidad. Prefiero enfocarme en lo que hoy tengo y ver hacia donde puedo ir con ello. David Epstein, autor de “Range: Why Generalists Triumph in a Specialized World“, uno de los mejores libros de no ficción que he leído, citando a Herminia Ibarra dice “aprendemos quienes somos en la práctica, no en la teoría” y por eso creo que, para personas como yo, una excesiva introspección no es el camino, sino la acción basada en la experimentación y la reflexión posterior.

Cuando se trata esta clase de temas, es usual ver propagadas fórmulas sobre metas, objetivos y demás que, supuestamente, son universales. Sin embargo, existe gente reconocidamente exitosa como Jason Fried, cofundador de la empresa de software Basecamp, quien en su blog dice no recordar haber tenido nunca una “meta”. Así lo expresa:

Hago cosas, intento cosas, construyo cosas, quiero progresar, quiero hacer mejor las cosas para mí, mi empresa, mi familia, mi vecindario, etc. Pero nunca he establecido una meta. Simplemente no es así como abordo las cosas (…) trabajé en lo que sea que estaba trabajando y terminé donde sea que estoy. Continúo abordando el trabajo y la vida de la misma manera hoy. Si he usado la palabra “meta”, no lo dije en serio. Era solo la palabra que elegí, sinónimo de otra cosa“.

Para rematar el post, Fried termina con una cita de Jim Coudal: “La razón por la cual la mayoría de nosotros no estamos contentos la mayor parte del tiempo es que establecemos nuestros objetivos no para la persona que vamos a ser cuando los alcancemos, sino que los establecemos para la persona que somos cuando los establecemos”.

Si bien en lo que a mi respecta no existe ese rechazo por las metas, entiendo totalmente a lo que se refieren Fried y Coudal. Yo también opto por el dinamismo y la emoción que proporciona dedicarle toda tu atención a los intereses, herramientas y oportunidades que tienes a la mano. Por eso, en mi visión, la curiosidad para experimentar tiene que estar presente.

Hay quienes insisten en la necesidad de encontrar un solo camino cuanto antes y luego sencillamente caminarlo hasta el final. Quizás en la era industrial no hubiera tenido otra opción, aparte de agradecer la posibilidad de tener un trabajo de ese tipo. Pero en el trabajo del conocimiento actual, considero, al igual que Epstein, que la especialización temprana no es el único camino. Están quienes toman todo lo aprendido de su experiencia en ramas aparentemente disociadas y logran acumularlo todo, obteniendo como resultado una perspectiva fresca y única. Soy amigo del “todo suma”.

No obstante, lo que sí puedo visualizar como algo que quiero conseguir en este campo es la posibilidad de hacer un trabajo que me permita tener períodos de concentración profunda y, de ese modo, producir valor para otras personas. En la música, no me obsesiono pensando en qué género haré en unos años, ni tampoco donde estaré. Quizás en un gran teatro, quizás en un pequeño bar. Mi visión no va por ahí, sino hacia la construcción de canciones honestas. Y hoy estoy construyendo, inicialmente, un disco corto (E.P.) de 5 canciones. Esta es mi oportunidad y mi interés en este momento. Quizás en 5 años haga un disco doble de blues.

Valores: pensamiento y acción

Aquí entran mi interés por la filosofía y la teología. En cualquier cosa a la que me dedique tiene que haber cierta reflexión ética. Evidentemente, me refiero aquí a vivir de acuerdo a mis valores, no a auto-imponerme un rígido esquema que conlleve necesariamente a la alimentación hasta el engorde de algo tan inútil como la culpa. Por el contrario, aprender, perdonarse los errores y continuar es parte de mi sistema de valores.

La teología me interesa, sobre todo, cuando se utiliza para unir a la humanidad. Y esto no lo menciono desde un relativismo que se refuta a sí mismo diciendo que no hay verdad en ninguna parte, sino respetando aquellas creencias particulares que contribuyen a fortalecer los valores universales. Tengo ciertas creencias teológicas particulares también, pero más allá de ahondar en la teoría, mi objetivo en este punto está centrado en la acción. Soy consciente de que si la teología no se traduce en acciones que den paz y esperanza a los demás y solo se reduce a palabrería erudita no sirve para nada.

Es preciso aclarar en este punto, que lo escrito forma parte del ejercicio de establecer mi visión, más que de una auto-revisión de mi vida actual, en la cual todavía queda mucho por mejorar. Y puede que sea una visión que a algunos suene un tanto ilusa o demasiado pretenciosa, pero es a partir de mis creencias que tengo la intención de emprender la titánica tarea de impregnar de simplicidad mi vida. Porque, paradójicamente, vivir sencillo en un mundo como este es una tarea titánica. Quién sabe y algún día podré pasar como propias las palabras del sacerdote español Pablo D’Ors, recogidas en su “Biografía del Silencio”:

El mundo no es un pastel que yo me tenga que comer. El otro no es un objeto que yo puedo utilizar. La Tierra no es un planeta preparado para que yo lo explote. Yo no soy un monstruo depredador. He decidido comer y beber con moderación, dormir lo necesario, escribir únicamente lo que contribuya a hacer mejores a quienes lo lean, abstenerme de la codicia y no compararme jamás con mis semejantes. Regar mis plantas, cuidar de un animal. Visitaré los enfermos, conversaré con los solitarios y no dejaré que pase mucho tiempo sin jugar con un niño“.

El mejor “yo” completo

Mañana será mi cumpleaños número 33 y ha sido un ejercicio interesante escribir este texto. Si en el futuro lo recuerdo, quizás adopte el ritual de escribir un post de este tipo en cada una de las vísperas de mis próximos cumpleaños, Dios mediante. Así podré ver mi evolución y qué intereses y oportunidades se fueron introduciendo en mi camino.

Hace unos años, la científica de la computación Radhika Nagpal escribió un texto en el que resaltaba una etapa de su vida académica como docente nueva en Harvard, etapa que la gran mayoría de sus colegas parecía sufrir a su alrededor. Por ello decidió establecer ciertos principios y escribió sobre siete cosas que hizo en sus primeros siete años en Harvard para hacer de la experiencia una etapa genial. Una de esas cosas que hizo fue “tratar de ser la mejor persona completa”. Así lo explica:

“(…) lo que puedo hacer es tratar de ser la mejor persona que puedo ser. Y eso no es un compromiso. Esa soy yo dando lo mejor de mí. Estoy bastante segura de que los mejores científicos (…) no están en la carrera por el padre más dedicado o el cónyuge más solidario, y viceversa. Y no estoy interesada en ninguna de esas vidas unilaterales. Estoy obsesivamente dedicada a ser la mejor persona que puedo ser. Es posible que mi mejor “yo” no sea lo suficientemente bueno para Harvard o para mi matrimonio; tengo que aceptar que ambos pueden elegir encontrar a otra persona que se ajuste mejor. Pero incluso si no figuro en la mejor lista de docentes junior, o la mejor lista de cónyuges, estoy segura de que hay un lugar en el mundo donde puedo aportar valor. Porque, francamente, mi mejor persona es bastante buena”.

No osaría comparar mis modestos logros con los de la genial Radhika Nagpal; además,  las comparaciones de esta clase suelen ser estúpidas. Sin embargo, me embarga una sensación similar: no soy ni de cerca el mejor abogado que conozco, ni me interesa serlo. No soy el mejor músico que conozco, ni el mejor escritor de letras de canciones, ni el lector más ávido que conozco. No soy el mejor padre, ni el mejor novio, ni el mejor hijo, ni el mejor nieto, ni el mejor hermano, ni el amigo del año. Pero lo importante es que, aunque a veces me ganen los defectos, trato de hacer todas estas cosas de manera íntegra y convertirme en la mejor persona posible. Y como ejercicio de honestidad confieso que también creo, al igual que Radhika, que mi mejor persona es bastante buena.

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