Te extiendo mi abrazo

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Imagen de uso libre 

Son tiempos difíciles, una vez más, para el mundo. Desde este rincón en Lima, Perú te extiendo mi abrazo, aunque sea digital. Sobre todo en estos tiempos en que no se puede dar uno físicamente.

Menciono esto porque desde hoy empieza un período de quince días de “estado de emergencia” en mi país. Es decir, salvo por razones muy justificables, nadie podrá salir de sus casas.

No obstante, estos días presentan una gran oportunidad para la reflexión. Quiero resaltar algunas de las cosas que he estado pensando:

1.- El mundo es más pequeño de lo que creía. Estamos interconectados y juntos en esto.

2.- En esa línea, el impacto de un pequeño acto de amor es imposible de medir, pero quizás pueda propagarse hasta lugares insospechados. Hay que intentarlo, aunque a veces cueste.

3.- Soy una persona que abraza fuerte. No diré que he dado por asumidos los abrazos porque no es tan así, pero desde ahora creo que su valor es superior.

4.- El tiempo libre presenta la gran posibilidad de repensar cómo queremos vivir nuestra vida. Y también obliga a limpiar una habitación con demasiadas cosas sin razón de ser, como la mía. Incluso con un horario apretado se puede, por supuesto, pero ahora habría que ser excesivamente cínico para decir algo como “no tengo tiempo”.

5.- Saldremos de esta y, en honor a todos aquellos que han sufrido pérdidas, viviremos de forma empática y agradeciendo cada momento. Aunque es posible que nos acostumbremos nuevamente y el nuevo “normal” opaque los milagros cotidianos, habrá que tomar conciencia.

6.- Es una época en la que no conviene estar pegado a una pantalla, sobreinformándose. Basta seguir las recomendaciones de los especialistas en salud, leer un par de noticias al día en un momento muy puntual y luego vivir. La comida sigue teniendo sabor, los libros siguen esperando y la música sigue viva.

Las crisis suelen enseñar, aunque las consecuencias sean lamentables y uno quiera hacer cualquier cosa para que determinado hecho no haya sucedido nunca. Permite “darse cuenta”. Volver a ver algo viejo por primera vez y valorarlo apropiadamente. Está claro que, a veces, ese “algo viejo” es la vida misma. Que esta crisis nos permita ver el valor real de todo aquello que el sopor de lo cotidiano suele opacar.

Te extiendo mi abrazo,

Andrés.

 

 

 

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