Limpieza digital – día 9 de 30

Vamos en el día 9 del experimento y ya me empiezo a sentir diferente. Las páginas leídas han aumentado y, al eliminar la dispersión, la calidad de mis interacciones con las personas que me rodean se ha elevado considerablemente: he estado plenamente presente con la gente que quiero y he tenido pequeños momentos inolvidables.

Por momentos me he aburrido mucho, lo cual considero fantástico, no solo porque esté aumentando mi tolerancia al aburrimiento, sino porque es algo que valoro por sí mismo. Sin embargo, también valoro sus efectos: me ha permitido tener una idea más clara del disco corto (EP) que quiero lanzar este año.

Estoy recordando que la paciencia es una virtud que vale la pena abrazar: recobrar la habilidad de sostener una concentración larga y sin distracciones podría ser un proceso que tome cierto tiempo, considerando algunos de mis últimos hábitos. Según la demanda de las circunstancias y un falso sentido de urgencia, algunos días pasados he sido capaz de utilizar internet casi a todas horas, entre la PC y el teléfono móvil.

No obstante, ahora me quedan momentos para mí. Esos momentos ahora libres que, hasta hace poco, podían resumirse en saltar nerviosamente de una aplicación a otra en búsqueda de cualquier forma de gratificación instantánea, intento utilizarlos para concentrarme en alguna cosa. Y esto, si bien cuesta, vale el esfuerzo.

Confieso también que siento tranquilidad cuando estoy solo y sin distracciones, quizás porque me di cuenta que esa paz por la que tuve que luchar en algún momento y que trabajé activamente por conseguir está más disponible de lo que me quieren vender muchos productores de contenido y vendedores que lucran a partir de las inseguridades, y que también acaparan medios digitales.

Diría que si uno presta atención, aquella paz está siempre disponible. En mi interpretación, vivir en paz constituye una respuesta personal agradecida, en este momento y este lugar, cualesquiera que sean, a esa oportunidad ofrecida perpetuamente, sin cansancio y sin condiciones, por parte de Dios. Si tuviese que frasearlo secularmente diría que vivir en paz es hacerse dueño de la actitud propia en medio de las circunstancias, además de vivir agradecido.

Solo para aclarar: estoy convencido de que vivir en paz no excluye la indignación que se puede manifestar ante la injusticia o el alzar la voz frente a un atropello descarado. Una persona que vive en paz no se retrata con los brazos cruzados. No obstante, hay quienes utilizan la indignación social para camuflar una profunda insatisfacción personal. Lo verdaderamente refrescante de la paz es que, pese a todos los errores humanos que pudieran cometerse, siempre estará disponible nuevamente, si uno está dispuesto a vivir en armonía consigo  mismo y con los demás.

Queridos lectores jóvenes, he acumulado 0 minutos de Instagram y Facebook en estos 9 días y sigo vivo. Hay oxígeno fuera de las redes. Y no sólo esto: la sensación subjetiva de estar haciendo algo físico en el mundo real puede ser mucho más placentera que la que proporcionan dos dedos gordos y compulsivos apretando una sobrevalorada pantalla de colores.

 

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