Aprender a aprender

Soy, como podrá evidenciarse de posts anteriores, un seguidor del excelente blog de Cal Newport. En uno de sus últimos posts, se resaltan los beneficios de aprender cosas difíciles, en base a lo que dijo Joe Rogan en uno de los últimos episodios de su podcast “The Joe Rogan Experience”, en el cual entrevista al comediante Bryan Callen:

 

 

Alrededor del minuto 29:45, Rogan empieza a hablar del arte de aprender a aprender. Esto es lo que dice:

“Cuando te pones en una situación en la que realmente apestas haciendo algo, ello es realmente bueno para ti: es bueno apestar haciendo ciertas cosas y tratar de mejorar en ellas. Sea lo que sea, así sea aprender a jugar ajedrez (…), jugar tenis, lo que sea: cuando aprendes a hacer algo en lo que apestas primero, tienes que concentrarse en mejorar y eso de mejorar se traduce en otros aspectos de tu vida y es una habilidad;  hacerse bueno en algo es una habilidad. No quiere decir que porque seas bueno en el tiro con arco, serás bueno aprendiendo a tocar el piano. Pero si te puedes volver bueno aprendiendo a tocar el piano, te puedes volver bueno aprendiendo en el tiro al arco. Porque hay una cuestión ahí sobre aprender a aprender”.

Concuerdo plenamente con Rogan y por eso pienso que es importante tener la “mentalidad de principiante” que luego menciona Bryan Callen en la entrevista. Creo que una de las claves para conseguir llevar una vida satisfactoria y plagada de sentido es no dejar nunca de aprender y experimentar, aunque solo sea algo que se pueda considerar un hobby. Más allá de lo atractivo que resulta conseguir cualquier premio, que suele reducirse a un momento específico, es más gratificante mantener intacta la curiosidad y la “aceptación voluntaria de superar obstáculos innecesarios”, citando a Bernard Suits.

Más allá de los pasatiempos y yendo a lo laboral, pienso que una oportunidad crucial que proporcionan aquellos trabajos que en un principio parecen desagradables y son a veces la única opción en el momento, es la de aprender a fortalecer el músculo de la elección: cambiar el “debo” por el “tengo la oportunidad de”. He visto a mi alrededor gente que convirtió un trabajo aburrido en uno que se terminó disfrutando plenamente. El trabajo seguía siendo el mismo pero la actitud lo cambió todo. Hay que recordar que hay gente que no hace al 100% ni aquello que dice amar y gente que aprende a amar lo que hace en cualquier parte.

El aprendizaje que surge de sacar lo mejor a cualquier cosa en que se trabaje, puede ayudar a construir una mentalidad que, aplicándose a cualquier otra faceta de la vida, va a parecer un superpoder. No hay como quienes pueden sacar lo mejor a todo y mantener esa mentalidad de principiante. Sin embargo, el hecho de que no sean las grandes mayorías quienes alcancen esa vida indica que no es ni fácil ni cómodo: la “aceptación voluntaria de superar obstáculos innecesarios” significa estar constantemente en una posición en la que emprendes algo en lo que inicialmente apestas, como diría Rogan. Pero también está esa confianza de que la fase de “apestar” va a pasar, porque todo se puede mejorar.

En lo personal, me ha costado y me sigue costando llevar esta actitud a la práctica, así que no se vaya a creer que pretendo vestirme con el traje del gurú, que no hay de mi talla. Pero sí confieso mi intención: quiero vivir una vida de aprendizaje. Y disfrutar de la incomodidad de apestar haciendo algo y luego mejorar.

Concierto desde casa: jueves 2 de abril de 2020

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Nos hemos aislado responsablemente, para luego poder volver a juntarnos sanos y salvos. No obstante, agradezco que la tecnología nos facilita el poder transmitir en tiempo real y voy a aprovechar sus bondades. Tal como había indicado previamente, decidí hacer un pequeño concierto desde mi casa. Faltaba definir la fecha y la hora y ya las tengo. Así que comparto la información con ustedes:

Fecha: jueves 2 de abril de 2020.

Hora: 8:30 p.m. (UTC-5, hora de Lima y Bogotá)

Dirección: http://www.facebook.com/andresbelem

No habrá micros ni cámaras profesionales, solo una guitarra, una voz y mucha pasión. Espero que estén ahí para cantar conmigo.

La programación fija funciona

Luego de cinco sesiones de una hora cada una de ellas, distribuidas en los últimos tres días, he pasado de tener un prospecto de lo que podría ser una canción de blues rock a tener una canción de blues rock terminada. Hace unos pocos días me propuse aprovechar una parte de este tiempo de aislamiento en trabajar la música en horarios fijos: de 9:00 a 10:00 a.m. y de 5:00 a 6:00 p.m. Mi intención particular es terminar mi E.P. de cinco canciones, mientras que la general es convertir el proceso de trabajar en la música en un arte (y por eso el nombre del blog).

Existen ejemplos incontables en el mundo, de artistas que se impusieron cierta disciplina para lograr construir sus obras y que, contrariamente a lo que se cree, no solo no dañaron su “inspiración”, sino que la llevaron mucho más allá gracias a la fuerza fiel del trabajo constante. El trabajo regular, lejos de agotar la creatividad, genera su producción cada vez más abundante.

Sobre la nueva canción

Es un blues rock con una letra fuerte. Para la primera sesión, que fue anteayer a las 9:00 a.m., solo tenía una idea de melodía vocal. Sin embargo, ahí salieron un par de líneas que dieron a la canción la temática sobre la cual trata. Y para la sesión de las 5:00 p.m. ya tenía la melodía vocal del coro.

Ayer, en la tercera y cuarta sesión se terminó el 85% de la letra y, particularmente en la sesión de la tarde, el coro tomó un nuevo color que va mucho más con mi tono de voz. Grabé un demo y se lo mandé al productor, a mi novia y a mi madre. Es mi canción y yo decido, pero tuvo muy buena recepción (aunque tengo claro que la gente que nos ama ve todo lo que hacemos como maravilloso).

Y, finalmente, en la sesión matutina de hoy terminé toda la letra de la canción.

Para la tarde de hoy, pretendo dar las pinceladas finales a otra canción que es candidata a formar parte del E.P. de 5 canciones. Y seguir trabajando con la programación fija que, en tan poco tiempo, me ha generado ya la gran satisfacción de tener una canción nueva. Esta etapa me está enseñando que la inspiración libre y no estructurada, a la que soy adepto, puede complementar el trabajo regular. Intentaré, después de esta etapa de aislamiento, establecer un período de programación fija en mi calendario, aunque solo sea de 20 minutos al día. Algunos días podré hacerlo más tiempo, pero la idea es aparecer y crear.

A Dios gracias, vamos caminando agradecidos y con toda la fuerza.

Política en las redes sociales

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Imagen de uso libre 

Mucha gente cree que adoptar cierta postura política en redes sociales es un acto de rebelión necesaria por parte de quienes están del lado correcto de la historia. No sé si esta gente no se da cuenta o no se quiere dar cuenta que el medio en el cual se expresan sus opiniones – o, en algunos casos, las opiniones que creen que son las suyas – son un producto elaborado por empresarios cuya finalidad es hacerlo lo más adictivo posible para ganar dinero. Entonces la idea de tener a los usuarios enfrascados en un debate ideológico es bastante fructífera desde los estándares de la llamada “economía de la atención”.

Pero más allá del medio, llama la atención que tantas personas opten por tercerizar su  verdadera evaluación de las cosas y asuma como propia la opinión de grupos, de todos los espectros políticos, que utilizan estos medios para decir cual debería ser la forma de pensar oficial de los humanos avanzados e inteligentes. Evidentemente, hay una lógica evolutiva: nadie quiere quedar fuera del rebaño y si la mayoría de ese rebaño piensa algo, pues no pueden estar equivocados. No importa que esto sea una “falacia ad populum”: la fuerza del rebaño es más poderosa que la de la lógica.

Cuando todas las opiniones de una persona se pueden resumir con panfletos ilustrados por otros, estamos ante una situación un poco preocupante. Y digo preocupante no porque sea un individualista que descarte cualquier asociación colectiva como sospechosa. Al contrario, creo que es más necesario que nunca formar y fortalecer nuestras comunidades. Pero, a mi entender, las comunidades deben resaltar dos cosas: la unión y la defensa de la individualidad. La individualidad, que representa la reflexión y el pensamiento autónomo, y el individualismo, que sin considerar los medios antepone los intereses personales a los ajenos, no son lo mismo.

En esta época de tiranía de lo políticamente correcto, pareciera que todos los que no piensan como uno son terroristas de izquierda o clones de Hitler. Y aquí hay que regresar al medio en el cual se expresan las opiniones para ver su impacto: las redes sociales reducen a la persona a la que te enfrentas a un simple nombre y una foto. No hay mucha humanidad detrás, así que atacar en defensa de lo que te hayan vendido como justo es válido, no importa que el ataque, en sí mismo, sea injusto y que eso haga que te refutes a ti mismo. ¿La humanidad del otro? Se resalta únicamente cuando es alguien que cree lo mismo, obviamente.

Y entonces, puede que mucha gente se sienta gallardamente un representante oficial de los defensores del lado correcto de la historia. Pero ante un observador externo objetivo no es más que una persona con el hábito compulsivo de apretar su pantalla. Y si este observador va más allá, posiblemente descubra a una persona caprichosa y paradójica. Caprichosa, porque independientemente de si sabe o no vivir su vida, esta persona pretende dar a entender que sabe exactamente la forma en que debería funcionar el mundo. Y paradójica, porque por una parte busca erradicar las opiniones inferiores de la gente desorientada (que, en la realidad, no son más que personas que piensan diferente) y, por el otro, necesita a esta gente “inferior”, porque sino no habría nada respecto de lo cual sentirse superior.

Decidí alejarme de esta clase de debates en esos medios, para no seguir perdiendo tiempo y energía. Pero también para tener más tiempo con mis propios pensamientos, procesando las cosas de una manera personal. Además, tengo amigos de todas las posturas políticas con los que puedo conversar en persona sin problemas. Creo que es necesario decir la verdad en este tiempo en el que se llama “discurso” a todo el contenido político que se postea en redes sociales: no hay discurso más poderoso que el de las acciones. Uno es lo que hace, no lo que postea. Creer que el hecho de defender determinada ideología en redes sociales lo hace a uno más justo o más humano es bastante conveniente. Pero la pose y la virtud no son lo mismo.

Mientras estas peleas continúen, los empresarios dueños de las redes sociales se seguirán frotando las manos, porque su producto seguirá generando en la gente la compulsión de regresar a por la última pelea.

 

Concierto desde casa

Querid@ lector/a, debo confesarle que mi experimento de minimalismo digital ha ido, dentro de lo posible en el contexto actual, bien. Es decir, sí utilizo videollamadas y mensajería instantánea para comunicarme con la gente que extraño, pero he eliminado las aplicaciones de redes sociales y casi no entro a internet para buscar entretenimiento desde mi teléfono.

Sin embargo, ayer volví a entrar a facebook y lo hice por tiempo limitado, desde mi computadora y con un propósito específico. Tenía esta idea de poder dar algo de valor a quienes escuchan mi música. Así que publiqué lo siguiente:

 

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Estoy sorprendido y verdaderamente agradecido por la gente que me ha escrito diciendo que está esperando ese concierto. Pronto estaré definiendo las canciones y el horario. Utilizaré nuevamente las redes sociales como herramienta para difundir mi música. Y seguiré en el camino de maximizar su impacto en mi vida, sin necesidad de tener que pasar todas las horas en ellas. Estoy seguro que la gente prefiere un excelente concierto de alguien que, por dedicarse profundamente a la música, postea de vez en cuando, que el concierto mediocre de un adicto a las redes.

Pronto por este medio anunciaré la fecha y hora del concierto.

¡Abrazos!

 

De musas y horarios

Ayer terminé una canción a la que titulé “Entre tus sueños”. No sé si sea buena, pero el mensaje está claro: estoy en acción, construyendo mi E.P. de 5 canciones.

Por ahora tengo una idea de las cinco canciones que quiero que estén en el E.P. pero, considerando que quiero que sea lo mejor y más genuino posible, he dejado un espacio abierto para incluir otras canciones suficientemente buenas que – así lo siento profundamente y no me preguntes por qué – van a surgir. “Cantar en el Vaivén” es la única de ellas que ya está lista: grabada, mezclada y masterizada. Es la primera que lanzaré apenas pueda.

Nuevo plan de trabajo

A partir de mañana, voy a ejecutar una nueva forma de trabajar que hasta hoy no he utilizado consistentemente en la música: implementaré períodos de programación fija. En resumen: trabajaré concibiendo ideas, ya sea en música o letra, durante 2 horas al día. El tiempo de trabajo será partido en dos períodos de una hora que intentaré mantener de manera fija: de 9:00 a 10:00 a.m. y de 5:00 a 6:00 p.m. Recordemos que la auto-imposición, cuando proviene de la verdadera voluntad, provoca alegría. Así que no puedo esperar.

No obstante, y como he aprendido a conocer a mis bondadosas pero caprichosas musas, tengo un plan por si recibiera sus inesperadas visitas en cualquier otra parte del día: dejaré lo que esté haciendo (salvo sea urgente) y responderé el llamado. Y me contentaré profundamente con dar mi atención plena a la creación sin horarios. Muchas veces de ahí sale lo mejor.

Quienes niegan la existencia de la inspiración diciendo que todo es trabajo y más trabajo se me hacen como autómatas disfrazados de artistas. Pero quienes niegan la verdadera necesidad del trabajo son sencillamente holgazanes disfrazados de presuntos genios. Yo, que no necesariamente estoy en una mejor posición, intentaré jugar con la inspiración y el trabajo.

 

Un cumpleaños singular

Las circunstancias me obligaron a recibir mi cumpleaños #33, el día de ayer, en medio de la obligación social de permanecer aislado. En este tiempo solo hay dos personas conmigo en mi casa: Aída, mi hermosa abuela materna y Rosa, su hermana y mi tía abuela. Ello supuso un escenario muy distinto al de todos los cumpleaños que recuerdo. Porque si bien nunca fui de dar la grandísima fiesta, recuerdo un elemento común de todas mis anteriores celebraciones: los abrazos y la libertad de movilizarse.

Decir que no extrañé los abrazos cumpleañeros de los míos sería mentir descaradamente. Pero, si soy franco, decir que la pasé mal también lo sería. He tenido la posibilidad de recibirlo sano y con el corazón contento, pese a la circunstancias. Y la he pasado, aunque exista gente que no pueda concebirlo, realmente bien.

Confieso, entonces, que me sorprendieron los mensajes diciendo que “ya tendré tiempo para celebrarlo”. Si este mensaje hiciera alusión a lo difícil que resulta celebrar en medio de una situación como la que se vive en el mundo, lo entendería un poco mejor. Pero ese no era el sentido al que se referían las personas bienintencionadas que se tomaron el tiempo de saludarme de esa forma: se referían, en realidad, a que la vida está suspendida y que, como consecuencia de esa suspensión, resulta casi imposible poder celebrar algo, sobre todo considerando que uno debe permanecer obligatoriamente en su casa.

Luego de la sorpresa inicial, sin embargo, pensé que es absolutamente normal en nuestra cultura el otorgar el mayor peso del disfrute de cualquier situación a las circunstancias. Y así, la paz que está ahí, siempre disponible, uno la termina complicando, aplicándole innecesariamente las arbitrarias reglas que aplican a las loterías o encadenándola a algún resultado deseado futuro. Y esto no es solo sumamente tonto, sino irresponsable, porque pretende desconocer la latente posibilidad que está en las manos de cada persona de hacerse feliz con lo que tiene.

Hay demasiada evidencia en el mundo de gente que lo tiene todo y no se siente satisfecha y gente que se siente satisfecha con poco. Tenemos varias apps para fortalecer algo tan ridículo como las apariencias, pero todavía ninguna que deje ver la verdadera paz interior de las personas. Y si de algo estoy convencido es de que, en primer lugar, la fiesta se debe llevar por dentro. Si es así, se puede celebrar cualquier cosa, por pequeña que sea, independientemente de las circunstancias.

Sí, hubo gente que extrañé demasiado. Pude imaginar los abrazos de las personas que quería abrazar. Y los voy a aplastar como un oso cuando vuelva a abrazarlas. Pero eso no me impidió saborear la salchicha de Huacho del desayuno, el puré de papa amarilla con pollo oriental del almuerzo, los vodka tonic con naranja que nos preparé. Y esa bendita “torta” que me ayudaron a hacer mi abuela, mi tía y esas personas excesivamente especiales que me acompañaron mediante videollamada. Se me pasó la mano con la harina y dejé espesar demasiado el fudge: todo esto fue responsabilidad mía. Pero hoy, a mis 33 años, puedo añadir a todas mis etiquetas la de “repostero mediocre, pero alegre“. Aquí la evidencia:

 

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La visión

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Uno de los libros que estoy leyendo actualmente contiene un ejercicio, al finalizar uno de sus primeros capítulos, en el que se pide al lector escriba su visión sobre lo que quiere que sea su vida. Es un libro cuya tesis principal establece que la productividad no tiene nada que ver con el hacer “más cosas”, sino con el hacer las cosas correctas, no buscando la eficiencia ni el “éxito”, sino la libertad. Por lo general, esta clase de libros los leo con una dosis importante de escepticismo, el cual intento equilibrar con la disposición de tomar lo mejor que me ofrece.

Aprovechando que escribo este blog y que quiero hacer algo con ese ejercicio, me propongo resolverlo en el presente post. No obstante, y para ser claro desde el inicio, no haré el ejercicio tal como se me pide porque nunca me he tratado a mí mismo como a una empresa que formula visiones y misiones demasiado particulares. Pero también porque creo que, para individuos como yo, no resulta necesario.

Familia

En mi visión, mis relaciones con mi familia y verdaderos amigos constituye un pilar sustancial y no me imagino una vida lograda sin la compañía constante de quienes más quiero. Una de mis fuentes principales de satisfacción, de hoy y de siempre, han sido y son mis relaciones, lo cual me proporciona la certeza de saber que, en el futuro, mantenerme cercano a las personas más importantes de mi vida seguirá siendo fundamental.

Salud

Si me preguntabas hace 1 año, posiblemente te hubiese dicho que no soy una persona de gimnasios. Siempre me pareció algo poco interesante, no hecho para gente como yo. Sin embargo, en mayo del año pasado, hace aproximadamente 10 meses, me matriculé a uno y empecé a levantar pesas de forma consistente por primera vez en mi vida. Lo que hoy puedo decir es que hay pocas sensaciones tan gratificantes como empezar un lunes de trabajo por la mañana después de haber levantado unas pesas y haber cerrado la sesión corriendo un poco. Es por ello que me veo haciendo pesas en el futuro, aunque sea 1 hora por sesión y 3 sesiones por semana. Me hace sentir física y mentalmente fuerte.

Comer sano es algo que intento, aunque mi cerebro de gordo a veces gane. Quisiera, en este punto, darle un poco más de peso a los alimentos apropiados. Dormir entre 7 y 8 horas forma parte de mi visión también: a veces me quedo en 6 horas, sobre todo cuando la energía me da para seguir haciendo cosas tarde. Para la salud mental y espiritual, estoy considerando hacer un experimento de meditación/oración para ver si puedo incorporar unos minutos al día, sin saturar otras obligaciones ni auto-imponerme rutinas insostenibles. Las redes sociales las utilizaré como se utiliza una sierra eléctrica: son una herramienta de trabajo musical, no algo para llevar a todas partes.

Trabajo

En este campo, mi visión no está sujeta a una serie de actividades demasiado específicas que me proporcionarán una eventual tranquilidad o felicidad. Prefiero enfocarme en lo que hoy tengo y ver hacia donde puedo ir con ello. David Epstein, autor de “Range: Why Generalists Triumph in a Specialized World“, uno de los mejores libros de no ficción que he leído, citando a Herminia Ibarra dice “aprendemos quienes somos en la práctica, no en la teoría” y por eso creo que, para personas como yo, una excesiva introspección no es el camino, sino la acción basada en la experimentación y la reflexión posterior.

Cuando se trata esta clase de temas, es usual ver propagadas fórmulas sobre metas, objetivos y demás que, supuestamente, son universales. Sin embargo, existe gente reconocidamente exitosa como Jason Fried, cofundador de la empresa de software Basecamp, quien en su blog dice no recordar haber tenido nunca una “meta”. Así lo expresa:

Hago cosas, intento cosas, construyo cosas, quiero progresar, quiero hacer mejor las cosas para mí, mi empresa, mi familia, mi vecindario, etc. Pero nunca he establecido una meta. Simplemente no es así como abordo las cosas (…) trabajé en lo que sea que estaba trabajando y terminé donde sea que estoy. Continúo abordando el trabajo y la vida de la misma manera hoy. Si he usado la palabra “meta”, no lo dije en serio. Era solo la palabra que elegí, sinónimo de otra cosa“.

Para rematar el post, Fried termina con una cita de Jim Coudal: “La razón por la cual la mayoría de nosotros no estamos contentos la mayor parte del tiempo es que establecemos nuestros objetivos no para la persona que vamos a ser cuando los alcancemos, sino que los establecemos para la persona que somos cuando los establecemos”.

Si bien en lo que a mi respecta no existe ese rechazo por las metas, entiendo totalmente a lo que se refieren Fried y Coudal. Yo también opto por el dinamismo y la emoción que proporciona dedicarle toda tu atención a los intereses, herramientas y oportunidades que tienes a la mano. Por eso, en mi visión, la curiosidad para experimentar tiene que estar presente.

Hay quienes insisten en la necesidad de encontrar un solo camino cuanto antes y luego sencillamente caminarlo hasta el final. Quizás en la era industrial no hubiera tenido otra opción, aparte de agradecer la posibilidad de tener un trabajo de ese tipo. Pero en el trabajo del conocimiento actual, considero, al igual que Epstein, que la especialización temprana no es el único camino. Están quienes toman todo lo aprendido de su experiencia en ramas aparentemente disociadas y logran acumularlo todo, obteniendo como resultado una perspectiva fresca y única. Soy amigo del “todo suma”.

No obstante, lo que sí puedo visualizar como algo que quiero conseguir en este campo es la posibilidad de hacer un trabajo que me permita tener períodos de concentración profunda y, de ese modo, producir valor para otras personas. En la música, no me obsesiono pensando en qué género haré en unos años, ni tampoco donde estaré. Quizás en un gran teatro, quizás en un pequeño bar. Mi visión no va por ahí, sino hacia la construcción de canciones honestas. Y hoy estoy construyendo, inicialmente, un disco corto (E.P.) de 5 canciones. Esta es mi oportunidad y mi interés en este momento. Quizás en 5 años haga un disco doble de blues.

Valores: pensamiento y acción

Aquí entran mi interés por la filosofía y la teología. En cualquier cosa a la que me dedique tiene que haber cierta reflexión ética. Evidentemente, me refiero aquí a vivir de acuerdo a mis valores, no a auto-imponerme un rígido esquema que conlleve necesariamente a la alimentación hasta el engorde de algo tan inútil como la culpa. Por el contrario, aprender, perdonarse los errores y continuar es parte de mi sistema de valores.

La teología me interesa, sobre todo, cuando se utiliza para unir a la humanidad. Y esto no lo menciono desde un relativismo que se refuta a sí mismo diciendo que no hay verdad en ninguna parte, sino respetando aquellas creencias particulares que contribuyen a fortalecer los valores universales. Tengo ciertas creencias teológicas particulares también, pero más allá de ahondar en la teoría, mi objetivo en este punto está centrado en la acción. Soy consciente de que si la teología no se traduce en acciones que den paz y esperanza a los demás y solo se reduce a palabrería erudita no sirve para nada.

Es preciso aclarar en este punto, que lo escrito forma parte del ejercicio de establecer mi visión, más que de una auto-revisión de mi vida actual, en la cual todavía queda mucho por mejorar. Y puede que sea una visión que a algunos suene un tanto ilusa o demasiado pretenciosa, pero es a partir de mis creencias que tengo la intención de emprender la titánica tarea de impregnar de simplicidad mi vida. Porque, paradójicamente, vivir sencillo en un mundo como este es una tarea titánica. Quién sabe y algún día podré pasar como propias las palabras del sacerdote español Pablo D’Ors, recogidas en su “Biografía del Silencio”:

El mundo no es un pastel que yo me tenga que comer. El otro no es un objeto que yo puedo utilizar. La Tierra no es un planeta preparado para que yo lo explote. Yo no soy un monstruo depredador. He decidido comer y beber con moderación, dormir lo necesario, escribir únicamente lo que contribuya a hacer mejores a quienes lo lean, abstenerme de la codicia y no compararme jamás con mis semejantes. Regar mis plantas, cuidar de un animal. Visitaré los enfermos, conversaré con los solitarios y no dejaré que pase mucho tiempo sin jugar con un niño“.

El mejor “yo” completo

Mañana será mi cumpleaños número 33 y ha sido un ejercicio interesante escribir este texto. Si en el futuro lo recuerdo, quizás adopte el ritual de escribir un post de este tipo en cada una de las vísperas de mis próximos cumpleaños, Dios mediante. Así podré ver mi evolución y qué intereses y oportunidades se fueron introduciendo en mi camino.

Hace unos años, la científica de la computación Radhika Nagpal escribió un texto en el que resaltaba una etapa de su vida académica como docente nueva en Harvard, etapa que la gran mayoría de sus colegas parecía sufrir a su alrededor. Por ello decidió establecer ciertos principios y escribió sobre siete cosas que hizo en sus primeros siete años en Harvard para hacer de la experiencia una etapa genial. Una de esas cosas que hizo fue “tratar de ser la mejor persona completa”. Así lo explica:

“(…) lo que puedo hacer es tratar de ser la mejor persona que puedo ser. Y eso no es un compromiso. Esa soy yo dando lo mejor de mí. Estoy bastante segura de que los mejores científicos (…) no están en la carrera por el padre más dedicado o el cónyuge más solidario, y viceversa. Y no estoy interesada en ninguna de esas vidas unilaterales. Estoy obsesivamente dedicada a ser la mejor persona que puedo ser. Es posible que mi mejor “yo” no sea lo suficientemente bueno para Harvard o para mi matrimonio; tengo que aceptar que ambos pueden elegir encontrar a otra persona que se ajuste mejor. Pero incluso si no figuro en la mejor lista de docentes junior, o la mejor lista de cónyuges, estoy segura de que hay un lugar en el mundo donde puedo aportar valor. Porque, francamente, mi mejor persona es bastante buena”.

No osaría comparar mis modestos logros con los de la genial Radhika Nagpal; además,  las comparaciones de esta clase suelen ser estúpidas. Sin embargo, me embarga una sensación similar: no soy ni de cerca el mejor abogado que conozco, ni me interesa serlo. No soy el mejor músico que conozco, ni el mejor escritor de letras de canciones, ni el lector más ávido que conozco. No soy el mejor padre, ni el mejor novio, ni el mejor hijo, ni el mejor nieto, ni el mejor hermano, ni el amigo del año. Pero lo importante es que, aunque a veces me ganen los defectos, trato de hacer todas estas cosas de manera íntegra y convertirme en la mejor persona posible. Y como ejercicio de honestidad confieso que también creo, al igual que Radhika, que mi mejor persona es bastante buena.

C.S. Lewis y un consejo para tiempos críticos

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Gracias a un comentario de un usuario en uno de mis blogs preferidos, me topé con un texto del escritor inglés C.S. Lewis, quien no solo fue un gran contador de historias, sino un académico destacado y uno de los apologistas cristianos más importantes del siglo XX. En 1948, Lewis publicó un ensayo titulado “Sobre vivir en una Era Atómica”, el cual, tal como se puede apreciar, tiene total vigencia en un contexto como el actual:

Aquí va:

En cierto sentido, pensamos demasiado en la bomba atómica. “¿Cómo vamos a vivir en una era atómica?” Me siento tentado a responder: “Como habrías vivido en el siglo dieciséis cuando la peste visitaba Londres casi todos los años, o como habrías vivido en una época vikinga cuando los invasores de Escandinavia podrían aterrizar y cortarte el cuello cualquier noche; o de hecho, como ya se está viviendo en una era de cáncer, una era de sífilis, una era de parálisis, una era de ataques aéreos, una era de accidentes ferroviarios, una era de accidentes automovilísticos.

En otras palabras, no comencemos exagerando la novedad de nuestra situación. Créame, querido señor o señora, usted y todos sus seres queridos ya fueron condenados a muerte antes de que se inventara la bomba atómica y un porcentaje bastante alto de nosotros moriríamos de manera desagradable. De hecho, teníamos una gran ventaja sobre nuestros antepasados: los anestésicos; y todavía los tenemos. Es perfectamente ridículo seguir lloriqueando y dibujando caras largas porque los científicos han agregado una oportunidad más de muerte dolorosa y prematura a un mundo que ya estaba lleno de tales oportunidades y en el que la muerte en sí misma no era una posibilidad, sino una certeza.

Este es el primer punto que se debe hacer: y la primera acción que se debe tomar es unirnos. Si todos vamos a ser destruidos por una bomba atómica, deje que esa bomba, cuando llegue, nos encuentre haciendo cosas sensibles y humanas: orar, trabajar, enseñar, leer, escuchar música, bañar a los niños, jugar al tenis, conversar con nuestros amigos tomando una pinta y un juego de dardos, no acurrucados como ovejas asustadas y pensando en bombas. Pueden romper nuestros cuerpos (un microbio puede hacer eso) pero no necesitan dominar nuestras mentes“.

Te extiendo mi abrazo

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Imagen de uso libre 

Son tiempos difíciles, una vez más, para el mundo. Desde este rincón en Lima, Perú te extiendo mi abrazo, aunque sea digital. Sobre todo en estos tiempos en que no se puede dar uno físicamente.

Menciono esto porque desde hoy empieza un período de quince días de “estado de emergencia” en mi país. Es decir, salvo por razones muy justificables, nadie podrá salir de sus casas.

No obstante, estos días presentan una gran oportunidad para la reflexión. Quiero resaltar algunas de las cosas que he estado pensando:

1.- El mundo es más pequeño de lo que creía. Estamos interconectados y juntos en esto.

2.- En esa línea, el impacto de un pequeño acto de amor es imposible de medir, pero quizás pueda propagarse hasta lugares insospechados. Hay que intentarlo, aunque a veces cueste.

3.- Soy una persona que abraza fuerte. No diré que he dado por asumidos los abrazos porque no es tan así, pero desde ahora creo que su valor es superior.

4.- El tiempo libre presenta la gran posibilidad de repensar cómo queremos vivir nuestra vida. Y también obliga a limpiar una habitación con demasiadas cosas sin razón de ser, como la mía. Incluso con un horario apretado se puede, por supuesto, pero ahora habría que ser excesivamente cínico para decir algo como “no tengo tiempo”.

5.- Saldremos de esta y, en honor a todos aquellos que han sufrido pérdidas, viviremos de forma empática y agradeciendo cada momento. Aunque es posible que nos acostumbremos nuevamente y el nuevo “normal” opaque los milagros cotidianos, habrá que tomar conciencia.

6.- Es una época en la que no conviene estar pegado a una pantalla, sobreinformándose. Basta seguir las recomendaciones de los especialistas en salud, leer un par de noticias al día en un momento muy puntual y luego vivir. La comida sigue teniendo sabor, los libros siguen esperando y la música sigue viva.

Las crisis suelen enseñar, aunque las consecuencias sean lamentables y uno quiera hacer cualquier cosa para que determinado hecho no haya sucedido nunca. Permite “darse cuenta”. Volver a ver algo viejo por primera vez y valorarlo apropiadamente. Está claro que, a veces, ese “algo viejo” es la vida misma. Que esta crisis nos permita ver el valor real de todo aquello que el sopor de lo cotidiano suele opacar.

Te extiendo mi abrazo,

Andrés.