La virtud de ser un amateur

Apretar los dientes, marcar calendarios y forzarse a producir. Esto es lo que hace a un profesional, a diferencia del amateur. Pero yo prefiero ser amateur.

Redefiniendo al amateur

La palabra francesa “amateur” hoy se utiliza para hacer referencia a una persona que se dedica a una actividad de una forma inexperta o a nivel de aficionado, contraponiéndose al significado de “profesional”. No obstante, su etimología dice otra cosa: amateur significa “amador” o “el que ama”. El sentido en que, hace varios siglos, se utilizaba dicha palabra describía a una persona que amaba o sentía devoción por una actividad particular.

Esta última definición es importante porque no está en función ni de la preparación, ni de la destreza del sujeto, así como tampoco del resultado que obtiene fruto de su actividad. Si un profesional con mucha preparación tiene “éxito”, pero su disposición interna está orientada a la entrega total a la actividad que realiza y siente amor por ella, entonces bien se podría decir que tal profesional es, al mismo tiempo, un amateur. La condición de amateur no tiene nada que ver con otra cosa que no sea el amor que impulsa al sujeto a sumergirse en su actividad.

No puedo ni quiero negar que la idea de realizar la actividad aún cuando no se tienen las ganas es buena, porque es importante aparecer si realmente se quiere producir algo de valor. Además, como en todo amor, la actividad amada podría proporcionar ciertos conflictos, de vez en cuando, sin que ello signifique el fin del amor. Incluso, puede que lo haga crecer y lo fortalezca.

Requisitos para ser un amateur

Los requisitos para portar el estatus de “profesional” tienen que ver con la experiencia y los programas curriculares. Y por ello, cualquier persona, siempre que cuente con los medios necesarios, podrá convertirse en profesional. Si además desarrolla destrezas y conocimiento es posible que alcance un nivel de aquello que el mundo denomina “éxito”. Sin embargo, discrepando con lo que se suele enseñar en este tiempo, pienso que ser canónicamente “exitoso” no tendría que ser el fin más alto al que aspirar en la vida.

Por el contrario, lo que te da el carácter de amateur es una disposición interna mucho más difícil de conseguir que un cartón. Y digo difícil no porque piense que esto se resuelva con una introspección que permita saber cual es la afamada “actividad para la que naciste” y sencillamente dedicarte a hacerla. Sino, porque un amateur es también alguien capaz de aprender a amar una actividad. Hacer lo que ama le resulta sencillo. Pero también puede ir más allá y aprender a amar lo que hace.

La acción que emana del amor siempre resultará más poderosa que una disciplina férrea, cuasi militar. Nada puede la imposición contra la experiencia de gracia que se ve representada por la inmersión total en el hacer. Que el espíritu amateur llegue incluso a aquellas pequeñas cosas cotidianas y lo impregne todo, si es posible. Porque nada malo puede surgir de una vida que se vive amando.

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