El cambio que deseas ver

“Sé el cambio que deseas ver en el mundo” – Mahatma Gandhi

La interpretación de un hecho dice más de quien interpreta, que del hecho en sí mismo. La siguiente es una historia real que, gracias al cielo, sucedió hace ya algunos años. Voy a contarla en dos versiones distintas:

1. Hace unos años, mi abuelita iba caminando por una avenida grande. Cuando estaba por cruzar la pista, venía un auto que tenía una cuerda suelta. Por culpa de esa cuerda, mi abuelita cayó al suelo y se rompió el brazo. El chofer, en lugar de asistirla, aceleró, huyendo de su responsabilidad. Eso es normal en una ciudad como esta, plagada de gente mala y sin criterio.

2. Hace unos años, mi abuelita iba caminando por una avenida grande. Cuando estaba por cruzar la pista, venía un auto que tenía una cuerda suelta. Por culpa de esa cuerda, mi abuelita cayó al suelo y se rompió el brazo. Si bien el chofer, en lugar de asistirla, huyó de su responsabilidad, mucha gente buena se acercó a asistirla y pudieron trasladarla a un hospital rápidamente. Eso es normal en una ciudad como esta, en la que todavía existen buenas personas.

Las dos versiones de la historia son válidas y contienen elementos objetivamente ciertos, aunque las conclusiones parezcan arbitrarias. Los hechos objetivos que decidamos resaltar de las historias va a decir mucho de nosotros, tanto de lo que pensábamos previamente, como de lo que vayamos a reforzar para una próxima interpretación. Reforzar siempre lo negativo conlleva a la disminución progresiva de la esperanza en la bondad de la gente.

Es necesario, eso sí, un elemento de realidad. No existen ni personas ni ciudades perfectas. Existen ciudades estadísticamente más peligrosas que otras. En Lima, mi ciudad, el nivel de ruido es alto y el respeto a las reglas de convivencia  en determinadas situaciones (tráfico, por ejemplo), parece un lujo inalcanzable. Sin embargo, en medio del tumulto, emergen por ahí esas pequeñas personas cuyos pequeños actos cotidianos, si bien posiblemente jamás lleguen a ser noticia, nos levantan el ánimo y nos devuelven la esperanza en la bondad.

No hay que olvidar que, en lugar de asumir una postura pasiva, uno mismo tiene pequeñas oportunidades cotidianas para convertirse en una de esas personas.

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