El músico y sus redes

blur-cellphone-cellular-telephone-533446Imagen de uso libre 

El 9 de agosto de este año se estrenó – en todas las plataformas de música en streaming – “Emerger“, primera canción de estudio que grabé después del “Atrapar el Viento”, mi disco debut lanzado en el 2016. Contraté una empresa de marketing musical en agosto, la cual no solo me ayudó a promocionar aquella canción, sino también tiene la finalidad de conseguirme conciertos, entrevistas y promocionar el segundo single, que está por grabarse. Al final, “Emerger”, esa canción de cuyo sonido me siento orgulloso, se lanzó conmigo haciendo caso a los consejos de los especialistas; es decir, estando inmerso en redes sociales, tratando de que llegue a la mayor cantidad de gente posible.

Debo confesar que esta experiencia me enseñó algunas lecciones claras. La más importante es que el nivel de adicción conductual que pueden generar las redes sociales es, si uno es honesto, sorprendente. La mayor parte del tiempo que estuve en ellas terminé revisando cosas que en un inicio jamás me propuse ver. Es evidente que esto no es una casualidad, sino producto de una inversión de grandes corporaciones que buscan mantenernos enganchados. La fórmula en la era de la economía de la atención es sencilla: a mayor tiempo utilizado por los usuarios en las plataformas, mayor dinero obtenido por las compañías. 

A partir de esta conectividad constante y esta exposición a plataformas altamente adictivas, empecé a agarrarle un disgusto a las tareas de marketing digital que me habían sido encomendadas, pese a la buena intención de la amable gente que me apoya en esta materia. Por ejemplo, una de las cuestiones usualmente recomendables es el compartir “historias” diarias en Instagram, como si la vida personal se tratara de un reality cuyos “highlights” hay que poner a disposición de todo el mundo por 24 horas. Esta tarea, que haría por primera vez, me dejó exhausto antes de los quince días. Y no solo porque la idea de que todo tiene que ser documentado me parece ridícula. Sino también porque me rehúso a la necesidad de probar que soy lo suficientemente interesante como para “ser seguido” todo el tiempo.

Lo anterior me hizo notar claramente que la acumulación de mis últimos hábitos digitales generaron cierta carga de ansiedad que, presumo, mucha gente sencillamente asume como un pasivo natural del presunto privilegio de estar constantemente “conectado”. Imagino que existe gente a la que ello no le genera ninguna clase de ansiedad, tanto porque saben utilizarlo de manera coherente o tal vez porque no les interesa perder el tiempo. Pero las conclusiones de este tipo son subjetivas y mi conclusión es clara en lo que a mi bienestar se refiere: no estoy dispuesto a aceptar diariamente la carga que me produce esa conexión perpetua expresada en la necesidad de documentarlo todo y esperar a ser constantemente validado por los demás.

El contraste ha sido muy evidente: una caminata con mi hija, una comida con mi novia, cervezas y/o fútbol y/o parrillas con amigos, una conversación con mi madre, almuerzos familiares, una película con mi abuela. Estas interacciones sociales a las que estoy acostumbrado me llenan plenamente y no las quiero ni sacrificar ni interrumpir por andar pegado a una pantalla. Pero no sólo eso, la mayor parte del tiempo tampoco quiero ni documentarlas ni compartirlas. Quizás esos pequeños acontecimientos, que muchas veces son los más importantes, no requieren una foto, sino la inmersión total en el momento. Y debe ser porque esos momentos hacen que uno se sienta un ser humano viviendo una vida genuina,  y no un autómata reaccionando a los coloridos estímulos de un túnel artificial, diseñado para la adicción.

Sobre lo que significó “Emerger”, la canción antes mencionada, me di cuenta que gran parte de mi satisfacción por lograr el sonido deseado, se diluía rápidamente por esa necesidad constante de mostrarme. Esta interpretación es, evidentemente, subjetiva, porque nadie me dijo que esto era algo que tenía que percibir. Pero tuve esta extraña sensación de que la canción por sí misma era insuficiente y que tenía que enfocar todas mis energías a hacer todo el ruido posible para llamar la atención, y así conseguir un deseable futuro basado en números. Sin embargo, esto contradice algo que tengo bastante claro desde que empecé a escribir canciones: una canción puede ser popular, hiper-masiva, ganar millones de dólares y ser terriblemente mala al mismo tiempo. Dar una valorización cualitativa a una obra por sus números es un error categórico. Hay carreras que no me interesa correr.

De todos modos, es preciso aclarar: no tengo la intención de desacreditar el marketing digital, porque creo que tiene una función de difusión importante y porque, además, estoy agradecido con los chicos que trabajan colaborando conmigo. Este texto únicamente constituye una visión personal de las sensaciones y reflexiones de un músico, en este tiempo de conexión perpetua y utilización constante de redes sociales. Y la finalidad de escribirlo es sincerarse, poner en orden algunas ideas y replantear su utilización.

Menciono la palabra “replantear” porque, aunque parezca extraño, no estoy decidido a cerrar todas las plataformas digitales. Esto es porque creo que, en algunas ocasiones, el replanteo puede ser mucho más radical que el abandono. Y también porque, cuando no son utilizadas frenética y compulsivamente, estas plataformas pueden proporcionar algo de valor.

Hay tres datos que me parece relevante subrayar, a fin de replantear mi relación con esta clase de tecnologías:

  1. Estas empresas invierten millones de dólares para mantener a sus usuarios enganchados la mayor cantidad de tiempo posible.
  2. Mi tiempo y mi atención son excesivamente importantes. No estoy dispuesto a pasar la mayor parte de mi día en redes sociales diseñadas para ser adictivas.
  3. Estas plataformas, utilizadas intencionalmente, pueden producir el valor de difundir  mi trabajo como músico. A partir de ahí, alguien podría hacer suya una canción mía o podría generarse una verdadera conexión humana en un concierto. Esto último es lo más increíble de ser músico.

Tomando en consideración estos datos, puedo replantear mi utilización de estas plataformas sin la necesidad de creerme una falsa dicotomía: i) que debo utilizarlas libremente (es decir, todo el tiempo y sin una intención clara); o, ii) que no debo utilizarlas nunca. Así, puedo sacar provecho a una herramienta de forma ocasional, sin dejar que mi atención se vea constantemente fragmentada y que mi tiempo se sienta perdido.

Al final, amo hacer música y compartirla personalmente. Disfruto mucho el antes, durante y después de los conciertos. Me encanta la conexión humana que surge a partir de la música. Y si puedo utilizar algunos minutos para compartirla con alguien me siento privilegiado. Es el documentarlo casi todo y estar constantemente distraído lo que no se parece ni se acerca en nada a lo que he decidido definir como éxito. En mi experiencia personal, mucho más interesante que la exposición constante a cantidades exorbitantes de chatarra digital, resulta ser aquello que tengo al frente, sea lo que sea. Respetar y honrar el momento presente y vivir una vida rica en interacciones sociales, cara a cara.

Algunas personas descubrieron mis canciones gracias a estas plataformas, lo cual es algo que agradezco. Pero este tiempo también me hizo dar cuenta de una verdad importante: no quiero pasar mi vida pegado a una pantalla. Y sí, entiendo la necesidad del músico de conectarse y mostrarse. Sin embargo, creer que ello justifica una conexión omnipresente me resulta irracional.

Como dije antes, a veces un replanteo es más radical que un abandono. Eso sí, hay cosas que no es necesario replantear: seguiré haciendo canciones porque eso es algo que amo hacer.

 

* Si deseas escuchar “Emerger”, está disponible en Spotify, Apple Music, Deezer, entre otras plataformas. Aquí también te dejo el enlace de Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=2XOUsAhiA9E

emerger 6

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s