En busca del minimalismo laboral

El minimalismo es, según Joshua Becker, la promoción intencional de aquello que más valoramos y la eliminación de todo lo que nos distrae de ello. Su finalidad es descartar la acumulación de cosas innecesarias y de tiempo infructuoso para disfrutar de una vida satisfactoria y plena. A partir de ahí, cada quien deberá definir cómo desea vivir. Habrá gente que entienda el minimalismo como vivir con 10 prendas de vestir, otros sin ninguna clase de tecnología, mientras hay quienes no se auto-imponen tal clase de restricciones y diseñan su vida de forma distinta. Al final del día, se trata de ser intencional y consecuente.

El minimalismo laboral se puede servir de la definición antes mencionada para ser aplicado al entorno del trabajo. Si queremos simplificar nuestra vida y, por ende, nuestro trabajo, haciendo lo que debemos en menor tiempo y con mayor concentración, quizás resulte difícil dar los primeros pasos. Si hemos arrastrado durante mucho tiempo malos hábitos o hemos ido mayormente a la deriva, podríamos empezar sin cambios tan radicales y/o rígidos y, más bien, con algunas modificaciones pequeñas pero consistentes. En esa línea, me permito proponer un par de sugerencias:

  • No tener un escritorio saturado, en el que muchas cosas no tengan ningún propósito de ser. Para esto, quizás sea necesaria una limpieza general que tome un tiempo regular o limpiar durante unos minutos, dependiendo de nuestro nivel de desorden. Utilizar únicamente los últimos cinco minutos del día para ordenar nuestro sitio puede hacer grandes diferencias, pese a que suena a muy poco.
  • Planificar bloques pequeños de libre uso de tecnología y correo. Sin necesidad de ser rígido, darle un espacio programado y corto al ocio puede ayudar a agarrar picos de concentración continua sin distracciones. El teléfono móvil puede ser un aliado, pero muchas de esas aplicaciones que tomamos como inofensivas, están hechas para generar adicción.

El motivo por el que decido proponer estos cambios pequeños es, en primer lugar, porque las distracciones visuales pueden ser negativas: afectan la capacidad de concentración y la habilidad de procesar información. Además, en lo que a mí concierne, confieso que mi tiempo en la oficina o trabajando en la música se ha prolongado por fragmentar mi atención, gracias a las siempre urgentes y casi nunca necesarias distracciones virtuales, dejando de lado mis otros proyectos personales que son tan importantes para mí como el trabajo.

Pienso que estos dos pequeños cambios pueden favorecer el trabajo sin distracciones visuales, sea físicas o digitales, por lo que, al establecerlas, uno puede tener el camino un poco más libre para enfocarse en lo más importante que presenta el día. Además, puede favorecer, sin muchísimo esfuerzo, evitar aquello en lo que muchos hemos estado inmersos durante mucho tiempo: un escritorio abarrotado de cosas que no tenemos idea por qué están ahí y distracciones al minuto en el teléfono móvil. Estos principios también son totalmente aplicables al mundo de la música. Sin distracciones visuales y digitales, favorezco mi inmersión total en la música: sea para ensayar, componer o gestionar.

Creo fielmente que, como decía John Wooden, exitoso entrenador norteamericano de básquetbol universitario, “son los pequeños detalles los que son vitales. Las pequeñas cosas hacen que las cosas grandes sucedan“. La idea de los cambios es que sean pequeños, pero consistentes.

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